viernes, 11 de agosto de 2017

NOCHE PLETÓRICA EN JAZZ SAN JAVIER, CON FOURPLAY, EL DÚO WHITTINGTON-CAMPILLO Y EL “GROOVE” DE MAURI SANCHIS.


La noche se inició con una gran ausencia: El guitarrista Chuck Loeb, por grave enfermedad. Precisamente a su recuerdo dedicó el concierto su grupo Fourplay, que dejó al auditorio entusiasmado con su actuación. Después, el norteamericano Buddy Whittington junto al grupo que lidera el murciano Santiago Campillo –y al que sumaron el “groove” del alicantino Mauri Sanchis- dieron la vuelta a un público que se mostró entregado desde el primer momento. 


Nathan East es uno de los fundadores de Fourplay.
Antes de iniciarse esta XX edición de Jazz San Javier, la organización ya había anunciado que el guitarrista norteamericano Chuck Loeb no estaría en el festival con su grupo Fourplay, debido a una enfermedad. Muchos pensamos que sería algo pasajero y que en una ocasión futura volveríamos a contar con sus muchos conocimientos musicales, su simpatía y entrega en cada concierto que ha dejado sobre el auditorio del Parque Almansa, en un festival al que gustaba de venir. Pero antes de que Fourplay comenzara su concierto en este XX Jazz San Javier, conocíamos la triste realidad: Chuck Loeb estaba muy enfermo y se temía por su vida. Fue un jarro de agua fría sobre cualquier atisbo de esperanza de volver a ver al amigo, al músico que tantas páginas de gloria ha dado a esta música. Fourplay no buscó a un guitarrista para que ocupara su puesto en la gira, si no que lo hizo con un saxofonista, Kirk Whalum, amigo de Bob James y un buen referente del jazz fusión. Y el resultado no pudo ser más efectivo; al menos en lo que al concierto de Jazz San Javier se refiere. Después de contarles lo acaecido en la noche del 22 de Julio pasado, me detendré más ampliamente en Chuck Loeb.

En la segunda parte, con un auditorio ya predispuesto a llegar al máximo con lo que iba a acontecer en el escenario de Jazz San Javier, el blues que nos iba a proporcionar el norteamericano Buddy Whittington y el grupo que lidera el guitarrista murciano Santiago Campillo –quienes invitaron a su fiesta al organista alicantino Mauri Sanchis- convertiría el famoso foso y todo el recinto, en un hervidero humano de satisfacción plena que rindió pleitesía a estas inequívocas estrellas del firmamento musical.


El pianista y teclista Bob James es un soporte seguro del cuarteto.
Fourplay regresaba por segunda ocasión a Jazz San Javier, para intervenir en su XX edición y volver a regalar a su público (el del festival) otro concierto que dejase ese magnífico recuerdo que ya impuso en su primera visita. Por aquel entonces, su guitarrista fue Larry Carlton que junto a Lee Ritenour y Chuck Loeb conforma el trío que ha tenido la formación desde su creación. Tanto Ritenour (que estuvo una jornadas antes con Dave Grusin) y Larry Carlton ya dejaron la formación y era Chuck Loeb su guitarrista oficial. Pero antes de que echara a andar la presente edición, la organización del festival anunciaba que Loeb no estaría en San Javier por enfermedad (así de escueta fue la comunicación) ocupando su lugar el saxofonista y flautista Kirk Whalum. Pues con Bob James en los teclados; Natan Easts, en el bajo eléctrico de seis cuerdas, y el baterista Harvey Mason (estos tres últimos son la base que no ha cambiado en todos estos años de existencia del grupo) y el concurso para esta gira de Kirk Whalum, Fourplay apareció en el escenario de Jazz San Javier dispuestos a hacernos pasar un excelente concierto que se iniciaba con “Avalabop” arrancando los primeros aplausos y muestras de entusiasmo del público.


Tras ello, otra de las piezas míticas de las diferentes etapas de la formación: “Max-O-Man”, que situó de manera inequívoca la línea por la que iba a desarrollarse esta actuación, a la que siguió “Chant”; otro de los clásicos del grupo en el que Natan East utilizó su voz como un coro de acompañamiento. Tras esta primera entrega, Natan East se dirigió al respetable para informar del motivo del cambio y expresar el respeto y admiración de todo el grupo por Chuck Loeb, para el que hacían votos de que pudiera recuperarse y regresar con ellos y a la música. “Él, destacó East, que tantas composiciones gloriosas ha dado a la música y con las que muchos de nosotros hemos disfrutado y acompañado en tantos buenos momentos de nuestras vidas”. Así que qué mejor homenaje que dejar sonar “Precious Metal”, una pieza de Chuck Loeb que se incorporó en “Silver” el álbum de los 25 años de Fourplay publicado en 2015, en la que destacó con su saxo Kirk Whalum que intervino en esa grabación.

El baterista Harvey Mason es el metrónomo de Fourplay y uno de los que más ha tocado con Chuck Loeb en sus conciertos y grabaciones.

Los asistentes a esta jornada mostraban su disfrute musical, pero en el ambiente flotaba un sabor agridulce y es que Chuck Loeb siempre ha sido un músico muy bien acogido en este recinto del Parque Almansa, desde su primera visita allá por 2001 en la IV edición de Jazz San Javier en la misma noche que le precedió el cuarteto del desaparecido Toots Thielemans. Por ello, no era extraño que muchos de los habituales aficionados que año tras año acuden a esta cita con la música se mostraran un tanto preocupados por los anuncios de gravedad que llegaban desde el otro lado del gran charco sobre la salud del guitarrista. Pero como ya indica esa manida frase de que “el espectáculo debe continuar”, Fourplay hicieron de tripas corazón y pusieron éste último en el concierto que se desarrollaba sobre el escenario del XX Jazz San Javier con “Blues Force”, otra de las piezas clásicas de su repertorio que volvió a levantar al público de sus butacas aplaudiendo fervorosamente a estos cuatro MÚSICOS que tan buenos momentos nos estaban haciendo pasar aunque ni ellos ni nosotros olvidábamos a Chuck Loeb. ¡Bravo!, llegué a escuchar desde una parte de las gradas a un aficionado. No era para menos.

El saxofonista Kirk Whalum sustituyó a Loeb en el concierto que Fourplay dio en el XX Jazz San Javier. Whalum pidió oraciones por el guitarrista para que su recuperación fuera posible.
De nuevo, unos momentos para la tranquilidad rítmica que proporcionan los temas tipo baladas como la que cantó Natan East del álbum del grupo “Let’s Touch The Sky” titulada “I’ll Still Be Loving You”. Kirk Whalum hacía en ocasiones de Maestro de Ceremonias y pidió, en su intervención, que rezásemos mucho por Chuck Loeb ya que se encontraba seriamente enfermo. El aplauso fue unánime e inmediato. Se le quiere en estos pagos y todos deseábamos ese fortalecimiento y recuperación. Pero lo que indicaba antes, que el concierto debía proseguir y lo hizo con un tema del primer disco de Fourplay titulado “101 Eastbound” en el que de nuevo, el saxo de Whalum volvió a destacar de manera especial y Nathan East llevó a cabo un unísono con su bajo y voz. Y regreso a otra pieza sosegada del álbum Let’s Touch The Sky, para una combinación perfecta del cuarteto: “More Than A Dream”. Y un tema más del último disco del cuarteto: “Silverado”.

Tras ello –y un nuevo reconocimiento del auditorio-, se quedaron solos Bob James y Kirk Whalum, quien comenzó a tocar en su saxo las notas del “Concierto de Aranjuez” al que su sumó Bob James tras unos compases. Dos amigos interpretando tan bella partitura pero llevada a sus terrenos; maravilloso y de pronto, como si los hubiera tocado un hada con su varita, surge la melodía de “Body & Soul” en unas notas bien definidas y envolventes que salen de la embocadura del saxo tenor de Kirk Whalum. El teclado de Bob James acompaña y rellena los espacios que no lo están y el resultado es una versión singular, única, que ambos regalan a un público entregado y al que, finalmente, no pueden resistirse Nathan East y Randy Mason. ¡Qué delicia y encanto! Y todo ello, antes del último tema que cerraba el concierto, “Bali Run”, que terminaría por acaparar a cualquiera que hubiera quedado un tanto indeciso con este concierto del cuarteto norteamericano Fourplay.

Aplausos, vivas, bravos y silbidos de reconocimiento y admiración por estos, repito, MÚSICOS y las interpretaciones y creaciones que regalan a quienes gustan de verlos y escucharlos. El público, puesto en pié como de costumbre, demandaba otra pieza más y el cuarteto apareció de nuevo en el escenario. Nathan East mostraba una amplia sonrisa, mientras sus compañeros aplaudían a este auditorio y agradecían esta entrega. Cada uno se colocó en su lugar y comenzaron a sonar las notas de “Westchester Ladies”. Ese auditorio explotó definitivamente en aplausos al finalizar el tema, agradeciendo a este Fourplay su concierto en Jazz San Javier a pesar de los momentos difíciles que han vivido durante esta gira europea.

El cuarteto Fourplay durante su concierto en Jazz San Javier.

La segunda parte de esta jornada de sábado iba a contrastar con lo que se acaba de ver y escuchar. El blues se iba a adueñar del recinto del Parque Almansa una vez más, a través de un grupo que lidera el guitarrista murciano Santiago Campillo, quien se había unido al también guitarrista norteamericano Buddy Whittington y al organista alicantino Mauri Sanchis que ha regresado a los escenarios después de varios años de ausencia. Un concierto diseñado por el propio Jazz San Javier que resultó todo un éxito en la presente edición. Nada más ser anunciados por Alberto Nieto, Whittington y Campillo atacaron “Hideaway” para que no existiera duda alguna de que el concierto del que íbamos a disfrutar como enanos sería de blues y nada más que blues. Tal vez, alguno pensó que al ser Santiago Campillo componente fundador del también grupo murciano M-Clan cabía la posibilidad de poder escuchar alguno de los éxitos del grupo mientras el guitarrista estuvo con ellos, pero no era esa la idea. Aquel era un concierto diseñado para escuchar y disfrutar de blues. Y vaya si lo disfrutamos.

Buddy Whittington, el guitarrista tejano que tocó en los Bluesbreakers de John Mayall durante 15 años. Todo un referente del blues blanco.

El guitarrista tejano Buddy Whittington estuvo durante 15 años como guitarrista de los Bluesbreakers de John Mayall (de 1993 a 2008) y aunque ya tenía su propio estilo, esa escuela del británico por la que han pasado grandes músicos siempre te deja enseñanzas y Buddy no fue ajeno a ellas. Precisamente en una de sus escasas visitas a la Región de Murcia, en Cartagena, fue donde el murciano Santiago Campillo vio tocar a Whittington y se quedó entusiasmado con sus maneras de interpretar el blues y de tocar la guitarra. Buddy es un músico que puede llegar a engañar por su aspecto físico (y no sería la primera vez que algo así ocurre) pero cuando coge su guitarra y extrae de ella esos sonidos y fraseos, les puedo asegurar que te puedes quedar embobado escuchándolo durante horas. Como demostraría en este concierto del Jazz San Javier, cuya segunda pieza del mismo, “Black Cat Bone”, sirvió para que hiciera su aparición en escena el organista alicantino Mauri Sanchis (el mejor español en Hammond B3) e impregnar al grupo de su “groove” intenso; ese toque especial al que Mauri nos ha tenido acostumbrados durante sus anteriores años de actividad musical, de la que ha estado apartado por un tiempo. El Hammond B3 arropó a Whittington, Campillo y su grupo como un padre abraza a sus hijos, elevándolos hasta lo más alto del firmamento musical y logrando que el auditorio comenzara a hervir. Qué entusiasmo mostró el público para con estos músicos, que les hacían divertirse y moverse al son de las piezas que sonaban.

El guitarrista murciano Santiago Campillo es un referente del blues, rock y pop español. Jazz San Javier unió a ambos músicos y añadió al alicantino Mauri Sanchis, para conformar este concierto.

Una vez todos juntos, el concierto fue subiendo enteros; como los valores de la Bolsa, Buddy Whittington, Santiago Campillo y su banda y Mauri Sanchis comenzaron a desplegar su tarro de las esencias musicales y la locura se hizo patente. Sonaron temas como “If You Love Me Like You Say”, “Big Legged Woman”, “Minor Blues”, “Same Old Blues” y “Southbound” que nos llevaron a través de un viaje programado de muy buenas vibraciones musicales, en las que la voz de Buddy Whittington nos enganchaba sin remedio (¿y quién lo deseaba?), mientras su guitarra y la de Santiago Campillo fraseaban alternativamente arropadas por el Hammond de Mauri Sanchis que interrumpía algunos de esos discursos de cuerda, para dejar patente que sus sonidos creaban la parte del clímax que faltaba con el apoyo de una potente sección rítmica a cargo del bajista Dani Mora y la batería de Mini Drums.

El gran organista, especialista en el Hammond B3, alicantino Mauri Sanchis, que ha regresado a los escenarios tras unos años de ausencia. Esperemos que pronto se vuelva a contar con sus proyectos en Jazz San Javier.

Si eres un adicto al blues, ya debes conocer que un buen concierto que se precie no puede, ni debe, contar con menos de hora y 45 minutos de duración. Ello nos lleva a pensar en unos 18 ó 20 temas, según la recreación que de ellos hagamos. En éste que protagonizaban Buddy Whittington, Santiago Campillo y su banda y Mauri Sanchis tan sólo había dejado sonar siete, lo que nos dejaba grandes esperanzas aún para continuar disfrutando de otras buenas andanadas de piezas con las que quedar “embrujados”. Y como en todo buen concierto que se precie, también hay momentos para un respiro, como el que ambos guitarristas se dieron en “Negro Como Un Blues” (pieza compuesta por Joaquín Sabina y Claudio Gabis) y “El Tren de las 16” (éste compuesto por Norberto Pappo Napolitano). Momento mágico del concierto, antes de continuar “ametrallándonos”, en el buen sentido literario y musical, con nuevas piezas del más genuino blues.

El baterista del grupo de Santiago Campillo, Mini Drums quien, según Campillo, ha dado más fortaleza rítmica al grupo.
La primera de esta nueva tanda era un viejo éxito de Little Milton titulado “Grits Ain't Groceries!”, en el que Mauri Sanchis dejó patente a través del Hammond su base soul, tuvo su sólo en el que demostró su excelente sentido del ritmo, como también tuvieron su momento de gloria Dani Mora y Mini Drums. El público les premió con una gran ovación y silbidos de agradecimiento por ese momento. Y continuaron con “Help Me Through The Day”, “You Got Me Runnin’” o “Desconfío de la Vida” (otro blues lento de Pappo), al que Santiago Campillo impregnó con su sello. Después llegaría “Sola”, del disco de Campillo “Carretera Sin Final”, para finalizar con dos temas más: “I Love You More and More Everyday” (blues con tintes country) y “Crosscut Saw”, con la que daban por finalizada su actuación en Jazz San Javier.


El bajista caraqueño Dani Mora, durante sus evoluciones en Jazz San Javier.

El auditorio temblaba por los cuatro costados ante la abrumadora ovación de un público que se mostraba enervado de ritmo, disfrute y música. No se había llegado a las dos horas, pero faltaba poco para ello y el personal parecía no tener ninguna prisa por volver a casa. Era sábado y la noche aún disponía de horas para vivirla y disfrutarla. Pedían más, mucho más. Santiago Campillo que conoce muy bien a este público regresó al escenario con sus compañeros de viaje y se dispusieron a dar un poco más de su brevaje musical. “Jacksboro Highway”, un blues a ritmo medio para calmar un poco el ambiente y respirar. Pero no era suficiente. Ese auditorio necesitaba algo más para marcharse a casa con un estado de ánimo sublime. Pues nada, que hay que proporcionar ese cénit al personal y entonces sonó “You Upset Me Baby”. Pero no crean que, como reza el título, el público o los músicos estaban disgustados; todo lo contrario. Era la pieza perfecta para, ahora sí, finalizar esta producción de Jazz San Javier que, sin duda, ha vuelto a resultar un pleno acierto.

Dos artilleros de las seis cuerdas, que hicieron saltar por los aires el auditorio del Parque Almansa.

En suma, noche de contrastes pletórica con una primera parte sensacional y un tanto agridulce por la ausencia del guitarrista Chuck Loeb, muy querido por los aficionados de este festival, al que su grupo Fourplay dedicó el concierto. Después, la apuesta de Jazz San Javier por el blues con una formación unida para tal fin, conformada por el guitarrista norteamericano Buddy Whittington, el murciano Santiago Campillo y su banda y el organista alicantino Mauri Sanchis que ha regresado a los escenarios después de unos años alejado de ellos.

B. Whittington, S. Campillo, M. Sanchis y la banda de Campillo.
El guitarrista Chuck Loeb durante su última visita a Jazz San Javier.

Cuando termino de escribir esta crónica, nos llegaba la noticia del fallecimiento de Chuck Loeb, que sufría una grave enfermedad desde hace unos pocos años que no ha podido, finalmente, superar. Los recuerdos de sus conciertos en Jazz San Javier se agolpan como lo hicieron esta noche en la que debía haber estado con Fourplay. Su primera visita allá por el año 2001 en la IV edición, en la que vino acompañado por su esposa, la madrileña Carmen Cuesta, y un grupo de músicos que hicieron las delicias de un auditorio que ya había disfrutado con el concierto previo de Toots Thielemans, ya dejó su impronta que caló en todos los aficionados de manera inmediata. Posteriormente, Chuck Loeb regresó en la X edición de 2007 con Reunión, Michael Franks, Till Bröner y Eric Marienthal como artistas destacados, en 2008 en la edición XI con una edición especial del grupo Metro que homenajeaba al desaparecido saxofonista Michael Brecker, y la última visita realizada en 2014, en la edición XVII, en la que estuvo con algunos de sus amigos como Eric Marienthal o Wolfgang Haffner  (en la foto previa a estas líneas, de fondo) además de su esposa Carmen Cuesta.

El matrimonio Carmen Cuesta-Chuck Loeb, en el concierto de 2014 en Jazz San Javier.

Ese es el último recuerdo que Chuck Loeb ha dejado entre esta gran familia que conformamos Jazz San Javier y que en estos días anda apenada por tan gran pérdida musicala y humana. Nuestro más sentido pésame a la familia –Carmen, su esposa, y Lizzy y Christina, sus hijas- y el inequívoco homenaje que Chuck Loeb recibe de todos nosotros. Estamos seguros que en la edición número XXI, la organización la dedicará a él y, hacemos votos para ello, programará un concierto para recordar sus composiciones y personalidad singular que dejó en vida. Un concierto en el que, seguro, estarán algunos de sus muchos amigos músicos que tantas veces tocaron con él en los escenarios del mundo. 
Chuck, te queremos y no te olvidaremos. Descansa en Paz.

 Las fotografías de esta crónica son obra de Goio Villanueva. Si pinchas sobre su nombre puedes visitar su web y blogs.

Este recuerdo quedará para siempre entre todos los que disfrutamos con tu música, Chuck.

sábado, 5 de agosto de 2017

CHARLES LLOYD MOLDEÓ AL AUDITORIO DE SAN JAVIER



El sonido del saxofonista nos introdujo en su mundo contemplativo explorando campos que no son frecuentes en esta cita veraniega. En la segunda parte, el grupo español Patax cambió la meditación por un frenesí rítmico, que incluyó en breve homenaje a Paco de Lucía.



Charles Lloyd al comienzo de su concierto.


La noche del pasado 21 de julio de este 2017 tuvo como protagonista principal del XX Jazz San Javier al saxofonista Charles Lloyd, que llegaba acompañado por un cuarteto muy ajustado a su mundo en el sentido amplio de la palabra. Lloyd es un músico que en la década de los años 70 del pasado siglo XX escribió grandes páginas de esta música. Sus composiciones traspasaron el muy incomprendido y difícil campo del “free” y del "post-bop", porque el saxofonista y flautista nacido en Menphis introducía muchos esquemas folklóricos en sus partituras obteniendo un lirismo que traspasaba al mero aficionado al jazz. Aún así, Charles Lloyd no siempre ha sido comprendido o entendido por el gran público pero, sin duda, no se le puede negar su espacio en la Historia del Jazz de la que en San Javier dejó una amplia didáctica de su Magisterio. En la segunda parte de esa jornada, el decorado cambió absolutamente como es norma en este festival. Los encargados de ello fueron un grupo de españoles, Patax, que lidera el percusionista Jorge Pérez quien ha logrado reunir a un conjunto de músicos –la mayoría españoles- variopintos y muy dúctiles para la música de fusión que llevan a cabo. El flamenco es una de las fuentes principales en las que beben y lo demostraron, con un breve pero intenso homenaje al desaparecido Paco de Lucía. Espectáculo intenso donde los haya, con músicos españoles de un nivel muy elevado que nos demuestran con hechos su alta categoría.


El magisterio de Charles Lloyd moldeó a todo un auditorio, que ni pestañeaba para no perder detalle.


La verdad es que cuando un festival como el Jazz San Javier programa la actuación de algunos de los iconos vivos del género, se podría considerar como un pecado el no asistir a ese concierto pudiéndolo hacer. Jazz San Javier ya ha dado diversas muestras de lo que les indico, como por ejemplo las actuaciones de músicos que ya nos dejaron como Louie Bellson, B. B. King, Clarence "Gatemouth" Brown, Niels-Henning Orsted Pedersen, Mulgrew Miller, Dave Bruckber o el más reciente de los que han visitado en diversas ocasiones este festival: El guitarrista y compositor neoyorkino Chuck Loeb. Es decir, nombres que han escrito algunas de las páginas de oro del jazz y que en San Javier, los aficionados tuvimos la suerte de poder ver y escuchar su música. Pues como la Historia siempre se repite, el concurso de Charles Lloyd en la XX edición invitaba a no faltar, bajo pena de arrepentimiento de por vida, a este concierto que el norteamericano iba a ofrecer sobre el auditorio del Parque Almansa.


Gerald Clayton parece recordar a Keith Jarret en su figura, pero cada cual posee sus maneras de interpretar desde el mismo hilo conductor.


La trayectoria de Lloyd ha sido muy irregular, a pesar que desde muy niño comenzó a soplar el saxo alto aprendiendo de manera autodidacta. Por entonces contaba con diez años y mucha ilusión por aprender a la que ayudó, en una primera etapa, Irving Reason o George Coleman. Con algunos años más, el joven Charles Lloyd, hijo de un farmacéutico y entusiasta aprendiz del saxo, se presenta en orquestas de rhythm & blues para pasar, más tarde, a formar parte de los grupos que lideran B. B. King o la Bobby Blues Band. Ya con 18 años se traslada a la Universidad de Southern, en California, para estudiar composición y convertirse después en profesor. Durante los años 60 del siglo XX, Charles Lloyd desarrolla una etapa musical diversa ya que toca con otros músicos de jazz, se asocia con Chico Hamilton, abandona el alto por el saxo tenor y forma parte del sexteto de Cannonball Adderley del que Lloyd siempre ha dicho que influyó mucho para su posterior desarrollo profesional en solitario. Hacia 1966 crea su primer cuarteto con nombres también icónicos del género como el pianista Keith Jarret, Jack DeJohnette en la batería, y Cecil McBee o Ron McClure, alternando, en el contrabajo. Con esta formación registraría varios discos que tuvieron cierta popularidad y cuyas piezas eran compuestas tanto por Lloyd como por Jarret. Las actuaciones y giras llegarían hasta 1969; año en el que por primera vez un grupo norteamericano visita la URSS, Checoslovaquia y toda la Europa del Este. El grupo se disolvería tras este periodo y Charles Lloyd abandonaría la música muy afectado por el fallecimiento de su madre. Precisamente a ese periodo pertenece la pieza con la que Lloyd inició su concierto. El tema daba título a uno de sus discos de entonces en 1966: “Dream Weaver”. Fue un comienzo algo duro para los que no están muy iniciados (recordemos que este tema lo compuso y tocó formando parte de la banda de Chico Hamilton, en plena eclosión del estilo free, del que también participó su admirado John Coltraine), pero muy esclarecedor si se contempla, al final, el concierto en su conjunto. Aún así, buena parte del auditorio dejó sonar sus primeras aclamaciones hacia un histórico del género que con una inequívoca sonrisa en su rostro agradecía tal reconocimiento después de tantos años.


El baterista Eric Harland fue el metrónomo del cuarteto.


En ese momento de su vida, la del fallecimiento de su madre, Charles Lloyd busca consuelo en la meditación trascendental que le devuelve a la enseñanza instalándose en Francia en 1977 y un año después en Suiza, antes de regresar a los Estados Unidos. “Lovesongs” es la empresa de producción de discos que crea junto al componente de los Beach Boys, Mike Love (adepto como él a la meditación trascendental) y a Ron Albach, llegando a hacer giras ocasionales con Beach Boys y registrando discos muy alejados del jazz. No sería hasta el comienzo de la década de los 80 cuando conoce al pianista Michel Petrucciani y tras varios conciertos a dúo, se decide por volver a crear un cuarteto al que incorpora a Palle Danielsson y Son Ship Theus. Participan en el festival de Montreux de 1982 y un año después cuenta con Bobby McFerrin como invitado. Pero en esta última etapa, ya a sus 79 años, Charles Lloyd se le nota alegre y disfrutando nuevamente de su cuarteto, conformado para este concierto por el pianista Gerald Clayton; Reuben Rogers, en el contrabajo, y el baterista Eric Harland. Es una fórmula, la del cuarteto, que parece marcar su camino por el jazz y al que siempre ha vuelto, tras etapas de descanso en lo que a conciertos y producción se refiere. “Defiant” y “Nu blues” –ésta última de su más reciente disco- fueron otras piezas en las que sus músicos destapaban esencias de excelente cuño y escuela, hasta que Lloyd intervenía para colocar su personalidad. Es como una especie de diablillo, que deja jugar ampliamente  a sus pupilos e, incluso, los incita (como hizo con unas maracas a su pianista) para incorporarse después a ese juego con sus ases en la manga.


Lloyd deja evolucionar a sus músicos libremente, antes de volver a entrar en el juego. Y mientras, se divierte viéndolos tocar.


Su disco registrado en estos últimos tiempos bajo el título de “Passin’ Thru” es una revisión de su catálogo en la que Lloyd hace una puesta al día de sus esquemas de fusiones y que, finalmente, deja claro que su tiempo continúa siendo el post-bop. En Jazz San Javier pudimos notar que su admirado John Coltraine continúa vivo en él, como demostró en esas piezas que hemos referido. Pero también dejó muy patente que la flauta sigue siendo un instrumento no desechable para sus conciertos. Y así lo evidenció en la pieza “Tagore On The Delta” que forma parte, como otras de este concierto, de ese último registro discográfico publicado este mismo año. La pieza guardaba los toques en el arco del piano de Gerald Clayton que parecían insistir en un borde del camino; el contrabajo creaba un ambiente seductor, mientras la batería de Harland marcaba el tiempo. Entonces, como vengo indicando, aparecía la delicada flauta de Charles Lloyd para envolver todo en fino y delicado papel seda. Una gozada donde las haya.


La seducción musical de Reuben Rogers al contrabajo.

La dulzura y delicadeza de la flauta hecha realidad por Charles Lloyd.


Aunque parezcan pocos los temas ofrecidos en este concierto, Charles Lloyd hace de cada uno de ellos pequeñas audiciones que van de los ocho a los doce minutos y en consecuencia, no es de extrañar que con tan sólo cinco composiciones llegue casi a la hora de concierto. Éste del XX Jazz San Javier finalizaba con “Rabo de Nube”, canción de Silvio Rodríguez y que sirvió para dar título al disco de 2008 de Charles Lloyd. El auditorio en pleno, puesto en pié, tributaba su cálido y gran homenaje al saxofonista que junto a sus músicos y en el borde frontal del escenario daban las gracias por este reconocimiento y acogida. Y la verdad es que nos sabía a muy poco (apenas habían transcurrido 60 minutos), por eso se solicitaba más; un poco más de esta música que pone en movimiento Charles Lloyd, a la que las críticas han certificado como blanda. Lloyd siempre responde que su música es tierna, porque es lo que el mundo está demandando. Y bueno, ante la evidencia del auditorio el saxofonista y sus músicos accedieron a dos bises. El primero “Passin’ Thru” que, como indiqué, da título a ese último disco de revisión más serena de su propio catálogo de creaciones y en el que Charle Lloyd se muestra, precisamente, más sosegado. Tal vez los años, que te hacen contemplar las mismas cosas de diferente manera. Y después, “La Llorona”; una clásica canción mejicana que tiene sus orígenes en la Revolución y que ha sido versionada por muchísimos intérpretes, quienes han adaptado diferentes letras pero siempre ajustadas a una historia de amor y tristeza. Charles Lloyd dejó una pieza tierna y con muy buen sabor de boca, para finalizar su paso por el XX Jazz San Javier. Un concierto, por cierto, que ha quedado en la imborrable memoria colectiva y entre los mejores de este festival. Ya podemos estar tranquilos.


El cuarteto del legendario Charles Lloyd.


La segunda parte de esta jornada del 21 de julio, nos iba a deparar un escenario absolutamente opuesto a esta joya que acabábamos de ver y escuchar. Ese nuevo decorado mucho más rítmico y jovial estaba diseñado por el grupo Patax, que lidera el percusionista español nacido en Boston, Jorge Pérez. Un proyecto basado en la fusión de músicas que transcurren desde el jazz, pasan por el rhythm & blues y llegan hasta el flamenco. Si hubiera que definir a sus componentes lo haría como muy dúctiles, porque saben adaptarse inmediatamente de un estilo a otro sin despeinarse. Patax, además de su líder a la percusión, está conformado por el trombonista Roberto Pacheco; Raúl Gil, en la trompeta; el argentino Federico Lechner, al piano; Carlos Sánchez, en el bajo eléctrico; Valentín Iturat, en la batería; Daniel Morales, cubano, en los timbales, cajón flamenco y percusión; Alana Sinkey es la fantástica cantante de este grupo, al que completa el baile de una magnífica Lidón Patiño. Y para este concierto en el Jazz San Javier, la invitada de Patax: La joven violinista norteamericana, con residencia en España y Estados Unidos, Maureen Choi. Un polvorín musical que prendió rápidamente con un éxito del añorado Michael Jackson, a quien el grupo iba a dedicar buena parte de su actuación: “Wanna Be Starting Something”.



Alana Sinkey es la cantante de Patax.


Las versiones que Patax ha creado de estos éxitos del denominado “Rey del Pop” son, ciertamente, muy originales y están contempladas desde un prisma más amplio en matices y corrientes musicales. Tal vez por ello, el identificarlos desde los primeros compases se hace, en ocasiones, algo más difícil. Y es que Patax es un laboratorio bien conformado, desde el que se estudia y desarrollan ideas y conceptos que, más tarde, son cuidadosamente filtrados para ofrecer resultados como los que tuvimos ocasión de ver en directo (ya conocíamos varios de ellos por los vídeos en internet). Así que con un auditorio que, por lo general, se mostró dispuesto a divertirse y disfrutar con esta formación española siguieron “Smooth Criminal”, “Beat It” y la aparición en escena de la invitada Maureen Choi, que nos dejó una primera muestra de sus enormes capacidades interpretativas al violín con “La Ruth”.


Jorge Pérez lidera el grupo Patax y se hace cargo de las percusiones.
La violinista norteamericana afincada en España, Maureen Choi.


El joven percusionista cubano Daniel Morales.
Había división de opiniones sobre los resultados de la música que ofrece Patax, pero creo no equivocarme mucho si afirmo que la mayoría de éstas -presentes en el auditorio del Parque Almansa- eran favorables al grupo español. Por lo general, los aficionados se estaban divirtiendo y en lo musical no había nada que reprochar; eran impecables tocando y animándonos a todos. El concierto continuó con “The Cake” y la versión, a ritmo de guaguancó, de “Billie Jean”, en la que regresó la violinista Maureen Choi. Hacia mitad de la pieza –y aprovechando las evoluciones de la bailarina Lidón Patiño-, todo el grupo hizo un corro sobre el tablao, a ritmo de palmas, e improvisaron un mini homenaje a Paco de Lucía que Maureen Choi había indicado quería hacer esa noche. Fue todo improvisado, según pude conocer después, pero parecía perfectamente ensayado. Esta anécdota del concierto nos puede dar una idea aproximada de la calidad de esta formación, Patax, que está llevando por varios países del mundo la excelencia de los músicos españoles. Aplausos del auditorio puesto en pié, que reconocía el valor de estos músicos.


Patax arropando a Maureen Choi, durante su breve homenaje a Paco de Lucía.
De izquierda a derecha, el guitarrista Marcos Collado y el bajista Carlos Sánchez.
La actuación de Patax estaba resultando muy efectista entre el público, así que atacaron “Sin Postre” en un ambiente de rythm & blues mezclado con toques caribeños que resultó tremendamente pegajoso. Y después, el regreso a versiones muy originales de éxitos de Michael Jackson como “Bad”, durante el que Patax introdujo secuelas del coro de “Ghostbusters” y del inmortal“I Shot The Sheriff” que popularizó Bob Marley. Todo un festín de ritmos y estilos que fluían con pasmosa naturalidad desde los instrumentos perfectamente sincronizados de Patax. El final llegó con otra versión de Jackson titulada “They Don't Care About Us”, con la que este grupo español que lidera el percusionista Jorge Pérez ha logrado conquistar ya varios mercados, en tan sólo dos años.





El admirado pianista argentino Federico Lechner.

La bailaora Lidón Patiño arropada por el grupo.

La sección de vientos de Patax. Arriba, el trompetista Raúl Gil. Sobre esta líneas, el trombonista Roberto Pacheco.
El auditorio, puesto en pié, aplaudía sin cesar a estos músicos que nos habían hecho pasar casi dos horas de frenesí rítmico y alegría a borbotones. Los silbidos y demandas para que regresaran al escenario del Parque Almansa y nos regalaran una pieza más, no se hicieron esperar. Tremendamente agradecidos por esta acogida, Patax desplegó un “Thriller” que supo a gloria provocando que el personal bailara aún más frenéticos, si ello era posible, para culminar un fin de fiesta pletórico. En resumen, una noche en la que el gran Charles Lloyd, leyenda viva del jazz, moldeó suavemente al auditorio de Jazz San Javier impregnándolo de su enorme personalidad musical. Inolvidable para nuestras almas. Después, el grupo español Patax cambiaron el decorado y un ciclón rítmico abdujo a un público que se entregó a sus efluvios musicales dejando un magnífico concierto pleno de frenética y festiva música. Habrá que seguir sus pasos, porque ya trabajan en nuevas piezas y los resultados pueden ser demoledores.



El grupo Patax al completo, con su invitada Maureen Choi.