jueves, 16 de agosto de 2018

LA DENUNCIA HECHA MÚSICA REMUEVE AL AUDITORIO DE SAN JAVIER



El trompetista, compositor, cantante y escritor Keyon Harrold dejó un halo de denuncias sociales en su concierto, que removieron las conciencias de los asistentes.

En la segunda parte de esta jornada de viernes, el cantante Zalon realizó un espectáculo del mejor soul y rhythm & blues, mezclándose con el público y llevándose el cariño y admiración de todo el auditorio.


Keyond Harrold hizo de su concierto una reivindicación.

Los grandes contrastes definen a Jazz San Javier. Lo han hecho desde la primera edición y en su mayoría de edad y siendo un denominador común de sus diferentes ediciones, no iba a ser distinto en la presente. Una primera parte con, sobre el papel y conociendo a su protagonista, uno de los conciertos 'pata negra' del género a cargo del trompetista Keyon Harrold, que se ha convertido en una de las más firmes realidades jazzísticas de las últimas generaciones. Sus maneras con el instrumento son perfectas y posee un discurso ágil y atractivo, que ha puesto al servicio de los movimientos sociales, como escucharíamos durante su participación. En la segunda parte del viernes, el escenario, motivación y estilo cambiaría como de la noche al día. Su responsable fue el cantante Zalon, que con su soul y 'rhytm & blues' supo conquistar un auditorio, con el que se mezcló para cantar, hacer bailar a todo bicho viviente y disfrutar, en suma, del espectáculo y la música.

El bajista Burnis Travis llevó buena parte del peso rítmico.
Charles Haynes, baterista, la otra parte de la sección rítmica de Harrold.
Aunque estemos ya adentrados en el siglo XXI, cuando eres de raza negra, natural de Fergunson, en el estado de Missouri, y te da por seguir denunciando las barbaridades y realidades que los norteamericanos no hacen bien y deberían de cambiar, te puedes señalar fácilmente en cero-coma como indican ahora los jóvenes. Keyon Harrold es uno de esos tipos; le gusta denunciar todo aquello que no está bien o no es correcto ni se atiene a la Constitución de los Estados Unidos de América.

El guitarrista Nir Felder.
Su concierto estuvo rondando esa parcela en el comienzo, 'Voicemail', un poco más adelante y tal vez el más señalado por lo cercano, 'MB Lament' (el título lo indica todo: El lamento por la muerte injustificada del joven negro Mike Brown, a manos de un policía, en la ciudad que vio nacer a Keyon: Fergunson), en la que Harrold denuncia todo el proceso ocurrido en el segundo mandato de Obama, del que más adelante el Gran Jurado eximió de culpa al policía Darren Wilson, que dimitió tras ello.

Julius Rodrigues fue el pianista de Keyond Harrold.
Keyon Harrold es una persona inquieta, un hombre de su tiempo (tiene 38 años) y está muy concienciado con los problemas que atañen a sus conciudadanos. El repertorio de su concierto tuvo parte de su base en esa línea argumental, como lo demostró con 'The Mugician' o 'Show', en la que estuvo acompañado por su invitada, la cantante ítalo norteamericana, Andrea Pizziconi. Con 'Bubba Rides' y 'Lullabye' finalizaba un concierto que despertó conciencias y entusiasmo en los muchos seguidores que se citaron en Jazz San Javier para ver sus evoluciones y su cierto recuerdo al gran Miles Davis, a quien interpretó musicalmente en la película sobre su vida. 
Andrea Pizziconi fue la invitada de Keyond Harrold para este concierto.
Ya en la segunda parte de esta sexta jornada del XXI Jazz San Javier, el espectáculo se adueñaría del auditorio absolutamente, con el que todo bicho viviente saltaría, cantaría y se divertiría, en suma, al son de los temas muy conocidos del soul, que el que fuera director coral de las voces que acompañaron a la recordada Amy Winehouse, Zalon, había preparado para esta su primera visita al festival y sustituyendo, a última hora, al programado Maceo Parker. Les puedo asegurar que el público no echó en falta al gran saxofonista de James Brown.

Zalon durante la primera parte de su concierto.
Zalon es un joven cantante (34 años) que a pesar de su juventud ya es un experimentado cantante y siempre ha vivido rodeado de música y músicos (hijo de Dr. Alimantado, uno de los grandes del reggae). En su juventud más temprana fue seguidor de Michael Jackson de quien, ha indicado, aprendió a ser un showman (y doy fe de que lo es).

Portia Harry, Gemma Chambers y Dion Howel conformaban el trío coral.
Pero después conoció el catálogo de la mítica Tamla Motown y Marvin Gaye pasó a ser su maestro de quien ha aprendido mucho de lo que hoy sabe sobre el soul y el rhythm & blues, aunque no sólo de él. Zalon preparó un repertorio que dividió en tres partes: La primera para los grandes temas del soul, con piezas fundidas unas con otras como 'Soulman', 'Get On Up', 'I Feel Good' o 'The Click' que levantaron al público de inmediato y no porque él lo indicara o invitara a hacerlo. Este personal, ya lo deben de saber por anteriores crónicas, está siempre por la labor. Bueno, casi siempre. Y esa noche, lo estuvo desde el principio. 

Músicos españoles formaron parte del grupo musical, como el bajista Pedro Campos.
El guitarrista Enric Peinado.
El baterista José Benítez.
Gabriel Zenni, pianista y teclista, cerraba el elenco español en la formación que acompañó a Zalon en su visita a Jazz San Javier.
Zalon terminó quitándose la chaquetilla de frac y la corbata; el calor húmedo de San Javier te deja derretido en pocos minutos, mucho más si no paras de bailar y moverte escenario arriba, abajo. El caso es que el espectáculo en esta primera parte continuaba con otra serie de impactantes canciones como 'When I See You', 'Stand By Me', 'My Girl' (éxito primero con Otis Redding y después con The Temptations) o 'Tonight’s Not The Night', con la que finalizaba esta primera andanada.

Mike Mason en la trompeta, el saxofonista tenor Johnny Chung y el trombonista Chris Colbran conformaban el trío de vientos.
El foso ya estaba repleto y las almas se tenían que distribuir por pasillos o espacios mínimos como podían. Y entonces llegó la segunda parte, con un especial tributo a Marvin Gaye y a su amiga Amy Winhouse o temas de su disco publicado hace poco más de un año. Comenzaron a sonar, en un midley o popurrí, temas como 'Let’s Get It On', 'Thinking Out Loud', 'The Most Beatiful Girl In The World', que a algunos le provocaron escalofríos en la piel. Sin apenas respirar, otra serie con 'Ain’t No Mountain High Enough', 'Do It Again' (de su álbum 'Liquid Sonic Sex') o de pronto suena 'Valerie' y el auditorio entero es un clamor.

Zalon bajó del escenario y cantó y saludó al público haciéndose más familiar.
Zalon con un nuevo atuendo, para la segunda parte de su concierto.
Quedaba nítido que muy pocos han olvidado a la Winehouse y que con Zalon, ese recuerdo va a pervivir muchísimo. Así que como la hoguera estaba en todo lo suyo, el cantante londinense echó más madera con 'Erica', 'Uptown Funk' o 'Whats A Man To Do'. Fin de esta parte. ¿Y del concierto? El público gritaba, demandaba mucho más y los músicos comenzaron con el inicio de 'Never Too Much', que repitieron hasta ocho o diez veces (Zalon, después lo contó, se cambiaba mientras tanto de atuendo y sus músicos haciendo sonar el comienzo de la canción. Risas). Sombrero de ala ancha, chaleco a cuadros grises y pantalón gris claro daba un aspecto impecable de un músico que entiende a la perfección el espectáculo.

Es Zalon, que echó el resto con 'Shake Your Body', para finalizar, ahora sí, su concierto celebrándolo y grabando todo el tema en video selfie, haciendo partícipe a todo el auditorio que vibraba y saludaba a los futuros videntes. Fue demasiado para nuestros cuerpos y una demostración palpable de que Zalon desea regresar a Jazz San Javier en un futuro. 

Las fotografías son obra de Goio Villanueva. Si pinchas en su nombre podrás visitar su web y blogs.

Zalon y su grupo al completo.

lunes, 23 de julio de 2018

THE MAVERICKS CONQUISTA AL PÚBLICO DE JAZZ SAN JAVIER

Los norteamericanos supieron dosificar sus 20 canciones, para mantener al auditorio en un ritmo pegadizo e irresistible que resultaba imposible mantener quietos los pies.
Un lleno del auditorio Parque Almansa, nos dio un concierto que ha pasado a la historia de este festival.


Los norteamericanos The Mavericks en pleno concierto.
El Festival de Jazz de San Javier siempre guarda una noche para propiciar un concierto que deja huella. El de esta XXI edición ha sido, sin duda y hasta el momento, el que este jueves en la noche llevaron a cabo los norteamericanos de The Mavericks. Una formación que como indicaba el director de esta cita, Alberto Nieto, son los grandes revolucionarios de la música country, a la que han sumado en una fusión increíble no sólo la música vaquera que todos conocemos, sino ritmos latinos, rock puro y rockabilly que dan esa nueva dimensión de esta música que posee miles de seguidores en todo el mundo pero, especialmente, en los estados norteamericanos que tienen su seña de identidad en ese modo de entender la vida en los ranchos, donde cerca existe un club al que todos los viernes en la noche acuden los vaqueros del lugar para disfrutar con este género. Un disfrute que The Mavericks trasladó, con un concierto de algo más de dos horas (no había manera de que finalizaran, porque la comunión entre músicos y público se produjo desde el primer tema, “Easy As It Seems”, para formar un todo único en el que los espectadores no podían estar quietos en sus butacas (se anunció que hasta que no faltaran 30 minutos para el final del concierto, no se dejaría bajar al foso para bailar) y los piés se iban solos al ritmo de las diferentes canciones que esta formación regaló a un auditorio repleto y entregado.

Raúl Malo lidera esta formación que ha conquistado al público de Jazz San Javier.
Cinco años ha tardado la dirección de Jazz San Javier en poder hacerse con la contratación de The Mavericks. A juzgar por el lleno y las reacciones de los aficionados mereció la pena esperar tanto tiempo. The Mavericks parecían los hijos pródigos a los que el padre está esperando. Su presentación podría ser la propia de un antiguo salón vaquero, cuando sonaba la música de Offenbach con el Can Can, y aquellas señoritas bailando con esa melodía. Ahí se creaba ya la apoteosis, que se fundía inmediatamente con “Easy As It Seems”y el auditorio era un clamor vitoreando y acogiendo con el calor humano que se hace en el Parque Almansa a cada uno de los artistas que cada noche dejan su impronta musical.

Raúl Malo, Ed Friedland, Michael Guerra, Max Abrahams y Julio Díaz. 
Los cuatro primeros temas se enlazaron uno con otro, hasta que Raúl Malo saludó en inglés y español para dar las gracias, le bienvenida y continuar con un concierto en el que se iban a dejar la piel.  Éxitos de su ya dilatada trayectoria en la música como “Damned (If You Do)”, “Back In Your Arms Again” o “What You Do To Me”hicieron las primeras mellas en el público, que les vitoreaban y aplaudían a cada nueva pieza. The Mavericks se iban creciendo con el paso de los minutos y en sus caras se podía leer la inmensa alegría que muestran los músicos, cuando logran conectar tan pronto con un público que se entrega sin condiciones.

Eddie Pérez es el guitarra solista.
Y en ese ambiente, cambio de guitarras de Malo (deja la Stratocaster y se va con la Telecaster, que saca otros sonidos; luego la acústica para las baladas y de regreso a la Stratocaster), solos del acordeonista Michael Guerra, otro del trompetista Julio Díaz y suena después un ritmo de bolero pero fusionado con balada vaquera continuando con esa línea durante tres piezas, a modo de sosiego y descanso para ellos y el público que no había parado ni un momento en sus butacas (les puedo asegurar que era difícil para la Seguridad de la sala, el que el público se mantuviera quieto en su lugar. Bueno o no tanto, porque este público es increíble).

El público abarrotando el foso del auditorio.
Y suena un rock que deriva a rockabilly, con un solo del saxofonista Max Abrams y marcando bien la base rítmica Ed Friedland en el contrabajo y el baterista Paul Deakin, mientras el teclista y organista, Jerry Dale McFadden, era el animador por excelencia de la formación desde que saltaron al escenario. Delante, Eddie Pérez y el cantante y guitarrista Raúl Malo marcaban las pautas a seguir de una actuación que se dejó llevar un poco más de las dos horas de música, bailes, alegría y buen rollo, en definitiva, en esta casa que es Jazz San Javier y en la que siempre son bienvenidos los músicos que por ella aparecen cada noche.

El teclista y animador de The Mavericks, Jerry Dale McFadden.
Y entonces aparecieron los temas más latinos como “La Mucara”; sí, esa canción cuyo estribillo reza “Y es que, mamá, no puedo con ella”. La locura porque en ese preciso instante saltaron unas siete mujeres a bailar al foso y tras ellas, el alubión de personas que no podían (ni querían) aguantar más en sus butacas. El foso se llenó de inmediato y todavía estábamos muy lejos de la última media hora de concierto. Y para “arreglarlo”, se deja sonar una cancioncita cubana: “Guantanamera”. El delirio general se adueñó del recinto. Sí, porque esta popular copla cubana su fusionó, de manera natural, con “Twist and Shout” que tanto popularizaron The Beatles. La primera parte (luego de lo que ocurriría después, nos daría esta pista) de la actuación había finalizado. Pero todos querían mucho más y, me temo, que los músicos también.

Raúl Malo recibiendo los aplausos del público, antes de iniciar los bises del concierto.
Paul Deakin es la contundencia y el ritmo de The Mavericks.
Así que regresó Raúl Malo sólo al escenario, agarró su guitarra dejó sonar unas primeras estrofas de su canción y, paulatinamente, apareció el resto del grupo. Aquello no resultó un bis, sino una segunda parte de unos 50 minutos con mezcla de temas conocidos como “Let the Sunshine In”, de la ópera rock “Air”, o “C’est La Vie”, que tan popular se hizo en las voces de Chuck Berry o Emmylou Harris. Tras ella, Malo volvió a presentar al grupo dando las gracias por el regalo de compartir con ellos la música y alegría. En suma, una noche de huella la que vivimos en Jazz San Javier con los norteamericanos de The Mavericks.

Las fotografías son obra de Goio Villanueva. Pinchando en su nombre puedes visitar su web y blogs.




martes, 10 de julio de 2018

UN PASEO POR EL PARIS BOHEMIO ANTES DE TRASLADARNOS A NUEVA ORLEANS.


El acordeonista Ludovic Beier y su invitado, el violinista Pierre Blanchard, regalaron un concierto pletórico y difícil de olvidar.

En la segunda parte de esta cuarta jornada, la Travellin Brothers Little Band e invitados dieron la vuelta al auditorio para pasearnos por Nueva Orleans.


El acordeonista francés Ludovic Beier, en su regreso a Jazz San Javier.
El Festival de Jazz de San Javier mantiene en el tiempo diferentes constantes. Una de ellas es su predilección por la música francesa y, dentro de ella, por los acordeonistas. En esta XXI edición se ha vuelto a cumplir esa constante, con la participación de Ludovic Beier Montmartre Quartet y su invitado: El violinista Pierre Blanchard. Los cinco dejaron un concierto sobre el escenario y en los aficionados, que será difícil olvidar por su limpieza, repertorio, simpatía y magnetismo musical del que no podemos (ni queremos) sacudirnos. En la segunda parte, un cambio absoluto de escenario para que la Travellin Brothers Little Band nos invitara a un viaje blusero por las calles y campos de Nueva Orleans, al que se sumaron Alex Schultz, Ian Siegal y la bella y contundente cantante finlandesa Ina Forsman.

Pierre Alain Goualch complementa desde el piano los temas de Beier.
Francia posee bastantes atractivos para el turismo. Uno de ellos es, sin duda, su música; escuchar los acordeones o las guitarras interpretando “manouche” es un sello inequívoco francés. Y en esos ambientes y terrenos conocimos al entonces jovencísimo Ludovic Beier con este mismo cuarteto y en una posterior visita a Jazz San Javier, con el trío de swing manouche en el que también estaba el violinista Costel Nitescu. Ludovic ha crecido en edad y como compositor e intérprete alcanzando unos niveles difíciles de lograr, cuando hablamos del acordeón de botonera y de la acordina. Pero en su faceta creadora, Beier viene demostrando un talento no muy común como constató en el comienzo de su concierto con “Timgad”, la película a la que puso banda sonora en una demostración de dominio de la fusión de diversos estilos.

El contrabajista Gautier Laurent.
Los primeros aplausos se escucharon para que Ludovic Beier saludara en español, primero, y en francés e inglés después presentando al cuarteto integrado por Pierre Alain Goualch al piano; el contrabajista Gautier Laurent, y el baterista Fred Delestre; estos dos últimos sustituían a los anunciados en programa. De inmediato abordaron toda una selección de piezas que darían una amplia visión musical de este joven acordeonista galo (40 años), con “Powell”, “Pont de Grenelle” (primera con la acordina), una incursión por la música brasileña con “Fleur do Brasil” o “Black Friday”, todas ellas compuestas por él.

El veterano violinista galo Pierre Blanchard, que mantuvo algunos duelos musicales con Ludovic Beier.
En ese momento presentó a su invitado, el violinista Pierre Blanchard; uno de los músicos destacados del jazz francés y ferviente seguidor del recordado Stéphane Grappelli. Su obra es extensa aunque mucho más su participación con primeros nombres del género a lo largo de sus más de 50 años de trayectoria. Dos creaciones del propio Blanchard, “Ciden” y “Troublant Romeo” nos dieron la gran dimensión del violinista, que continuó hasta el final participando en “Pananathan”, “Around Toots” (dedicada al gran armonicista Toots Thielemans) y finalizar con una pieza de mucho ritmo titulada “Paris Nord”. El público aplaudía sin cesar solicitando una más, que el cuarteto e invitado ofrecieron sin abandonar el escenario. Una original versión de “Liberty City” (Jaco Pastorius), con la que el público disfrutó y agradeció esa entrega.

Beier con la acordina, que utilizó en algunas piezas, como la dedicada a Toots Thielemans.


Ludovic Beier Montmartre Quartet y Pierre Blanchard.
La segunda parte nos iba a trasladar a otros terrenos, tal vez mucho menos bohemios que las calles y ambientes de Paris, pero sin perder el hilo conductor de las corrientes del jazz: el Nueva Orleans del blues. Sus protagonistas eran Travellin Brothers Little Band, vascos de Leioa, donde parten los troncos con las manos, muy cerca de Bilbao, según indicó el cantante y maestro de ceremonias, Jon Careaga, quien subrayó: “Venimos de la tierra de Mordor”. Ahí se ganó al público por simpatía y, a la vez, empatía con la música que desarrolla esta banda, que ya cosechó muchos adeptos en su primera visita de 2012 (XV edición). Para la ocasión invitaron al guitarrista neoyorkino Alex Schultz, el inglés Ian Siegal, el niño malo del blues, y un descubrimiento de primer orden como es la cantante finlandesa Ina Forsman. La cosa prometía y mucho.

El Maestro de Ceremonias y cantante de la Travellin, Jon Careaga.
“Better day” y “Oh My river” fueron las dos primeras canciones que sonaron con esta Little Band que puso el reloj en hora de inmediato. Entonces comenzó el desfile de invitados. El escenario del auditorio acogió al guitarrista norteamericano Alex Schultz, que fue recibido con un gran aplauso del respetable, y atacaron “No use knocking”, “As good as it gets”, “Think” y “Sweet Corrine” en la que aparece la guitarra del neoyorkino para el último disco de esta banda bilbaína.

El primer invitado de la noche fue el guitarrista neoyorkino Alex Schultz.
El respetable se divertía bastante y muchos bailaban en sus butacas. Por eso, Jon Careaga les invitó a bajar hasta el foso para hacerlo más libremente. Ya se sabe eso de “no me toques las palmas…” Y apareció el “enfant terrible” del blues, el británico Ian Siegal con su pañuelo recogiendo su cabello, su chaleco sin camisa debajo… En suma, con ese aspecto de ser el chulillo de la pandilla y se dejaron sonar “I’m the train”, “The Shit Hit”, “Gallo del Cielo” (corte vaquero para esta pieza que referencia los espaldas mojadas) o “Sweet Souvenir”, un blues lento para terminar su participación.

El "Niño Malo" del blues, Ian Siegal segundo invitado de la Travellin.
La última invitada iba a levantar a los espectadores de los asientos y su admiración por tan guapa mujer que canta, en ocasiones, con rasgos de Janis Joplin. Nos referimos a la finlandesa Ina Forsman. Subida en unos tacones de aguja rojos, Ina comenzó a soltar su espléndida voz con “Hanging Loose”, de su álbum del pasado 2016, haciéndose con todo el auditorio al instante. Seguiría con otra pieza de ese mismo disco, “Pretty Messed Up”, un poco más sosegada de ritmo y continuar en esa línea con “Now You Want Me Back” (también con cierto tono vaquero) y finalizar su invitación con “No Room For Love”, en la que el ritmo regresó para que el personal no se relajara demasiado ya que quedaba la traca final.

La belleza finlandesa y magnífica y contundente cantante, Ina Forsman, que recordó por momentos a Janis Joplin.

De izquierda a derecha. Aitor Cañibano, guitarra. Isi Redondo, batería. Inés Eleuteria, coros. Alain Sancho, saxo. Rubén Salvador, trompeta, y Juanan Díez, trombón.
El programa oficial había concluido, pero el público no estaba por la labor de marcharse a casa sin más. Había que seguir con un poco más de esa medicina azul que tan bien nos sienta. Jon indicó que ese era un festival de jazz y atacó, junto a Mikel Azpiroz, el pianista, y la propia Ina Forsman “Wonderful World”. Cuando ya habían cantado un par de estrofas, apareció en la grada entre el público, el saxofonista Alain Sancho, que se marcó un solo a tono con la pieza y el ambiente reinante. El delirio, para qué les digo más. Llamada general a todos los músicos e invitados de esta Little Band, para interpretar “Midnight Train” con el que, ahora sí, finalizarían su segundo paso por Jazz San Javier.

Alain Sancho, entre el público, ejecutando un solo de "Wonderful World".

El pianista y organista del Hammond B3, Mikel Azpiroz.
En definitiva, una noche muy completa con una primera parte de musette y elegancia que nos cautivó, con el acordeonista Ludovic Beier Montmartre Quartet y Jean Pierre Blanchard al violín. Después, los vascos de la Travellin Brothers Little Band y sus invitados, nos trasladaron a las calles y campos de Nueva Orleans en un disfrute auténtico de blues, ritmos vaqueros y rhythm & blues que conforman parte de lo que se escucha por la cuna del jazz y los estados del Sur. El personal se marchó a casa sumamente contento.

Todas las fotografías son obra de Goio Villanueva. Si pinchas en su nombre puedes visitar su web y blogs.

La Travellin Brothers Little Band e invitados, en el final de su concierto.