El gaditano Antonio
Lizana y su Septeto ofrecen un magnífico concierto en San Javier. La Dama del
Jazz, Dianne Reeves recibe el Premio del Festival por toda su trayectoria.
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Antonio Lizana, compositor, saxofonista y cantante. |
El duende,
en el flamenco, es el mayor valor añadido que tiene esta música, porque es el
que desata y expande toda la grandeza que encierra. Una especie de locura que
se generaliza cuando aparece. Y en la noche del miércoles, 22 de julio, el
duende apareció sobre el escenario del auditorio del Parque Almansa de San
Javier de la voz, el baile y la música que nos dejaba el gaditano Antonio
Lizana y su Septeto. Un tornado musical que fue atrapándonos desde el primer
momento absorbiéndonos por completo, con nuestra absoluta aprobación y
consentimiento. Y luego vino la calma, que nos proporcionó una de las Damas del
Jazz: Dianne Reeves. Su voz resultó un bálsamo apaciguador, que volvió a seducirnos
de nuevo como ya hizo en sus anteriores visitas a Jazz San Javier. Tan es así,
que el festival le entregó su Premio a Toda una Vida en la música. Una noche
muy especial, que les cuento de inmediato.
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Antonio Lizana suele actuar descalzo, como se puede apreciar. |
En los
últimos meses, les he de confesar que me habían llegado diversos comentarios
sobre un cantaor, compositor y saxofonista de la Isla de Cádiz (como El
Camarón) o San Fernando, llamado Antonio Lizana. Unas fechas antes de que
comenzara esta edición del Jazz San Javier, incluso había estado muy cerca de
la capital murciana pero no pude ir a verle. Lo cierto es que la curiosidad me
recomía por dentro y eso, amigos míos, no es buena cosa hasta que se ha saciado.
Pues bien, en la noche de ese miércoles 22 de julio, no sólo el que suscribe
sino todo un auditorio, se puso a los pies de Antonio Lizana y su Septeto. El
músico dejó patente por qué es uno de los más apreciados nuevos valores del
flamenco y el jazz español. Antonio Lizana domina ambas corrientes musicales
creando piezas en las que va de una a otra, con una facilidad y naturalidad
pasmosas y de manera sublime.
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El bajista de Las Palmas Tana Santana. |
Les había
indicado que el duende es como una especie de quintaesencia. En su libro “El
flamenco, vida y muerte”, Fernando Quiñones (recordado estudioso del flamenco
ya desaparecido), nos habla del tarab; “una especie de embriaguez que está
unida al flamenco (data de los tiempos mozárabes españoles) y que en nuestros
días se llama duende. Hace perder la cabeza a quienes llegan a experimentarlo,
privándolos pasajeramente de su yo exterior, como si los devolviera a su
infancia, a las fuentes de la vida y el mundo”.
Y algo así pudimos vivir en esa noche del 22 de julio, con el concierto
que Antonio Lizana nos ofreció en Jazz San Javier. El comienzo de esta
perturbación o enajenación consentida, se iniciaba con “Razón”, tras la que el
gaditano presentó a su septeto conformado por el pianista santanderino Marcos
Salcines; en el bajo, el canario, de Las Palmas, Tana Santana; Michel Olivera,
cubano, en la batería; Epi Pacheco, también de San Fernando o la Isla de Cádiz,
en las percusiones; Adriano Lozano, en la guitarra flamenca; y los coristas
Milagros Expósito y José Mawi Castaño quien, además, se ocupó del baile.
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El santanderino Marcos Salcines al piano. |
Antonio
Lizana ya dejó una primera muestra de lo que encierra, de su “duende”. Sale al
escenario descalzo, como mostrando su caminar por la música que transcurre sin
ataduras pero limpiamente. Pasa del flamenco al jazz con una facilidad
absoluta, dominando ambos géneros. Lo demostró con los tangos gaditanos “Tú
déjalo estar” que ligó con “Destino”, en una fiesta alegre que desataba los
malos espíritus y dejaba total libertad a la música. De nuevo, Antonio Lizana
se dirigió a los asistentes para indicarles que se había traído uno cuantos
ejemplares de su primer disco, que era muy bonito en el diseño y que sería una
lástima, subrayó, que se los tuviera que llevar de vuelta a Cádiz. La gracia
natural de los gaditanos tampoco le falta. Luego indicó que ya han grabado su
segundo disco, pero que está próximo a salir al mercado. No obstante, nos
regalarían varias canciones del mismo. La primera, explicó Lizana, se titulaba “Déjate
sentir” y no era una arenga a ninguno de los presentes, si no cosas que se
escribe Antonio Lizana de auto terapia, a ritmo de bulerías.
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Milagros Expósito y José Mawi coros y baile. |
Después
llegarían “La Puerta de la Luna” y de vuelta con los tangos flamencos a través
de “Con la ilusión de volver” (otro mensaje subliminal a la dirección de Jazz
San Javier), que provocó un estallido de aplausos y muestras de homenaje a este
músico español, de La Isla de Cádiz, que ha bebido del flamenco desde muy niño
y que conoció el jazz, a raíz de su formación musical en el Centro Superior de
Música del País Vasco, el Musikene.
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Epi Pacheco se encarga de la percusión. |
Acabados
algunos de los temas del nuevo disco (segundo de su, todavía, corta trayectoria
musical en cuanto a estos menesteres de los discos), Lizana y su gente
volvieron al tajo para, por alegrías, devolvernos hacia los ambientes de su
Cádiz y su San Fernando con “Airegrías” (la introducción del guitarrista
Adriano Lozano, nos recordaba el espíritu de Paco de Lucía), mientras José Mawi
colocaba el baile con su dibujo arabesco y su arte. Reza una coplilla de “Airegrías”:
“Cuando uno entra a Cádiz por su bahía, entra en el paraíso de la alegría”.
Puro arte del flamenco mayor, sabiamente fusionado en otros momentos de la
pieza con el saxo de Lizana que nos lleva hacia terrenos inequívocamente
jazzísticos y enriquecidos, a la vez, por otras corrientes que fluyen sin cesar
en su mente. Es la improvisación que permite la música de jazz, su mezcla con
otras tendencias con resultados preciosos y ricos como los que nos estaban
regalando estos siete músicos de diferentes puntos de España y Cuba.
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Adriano Lozano utiliza su guitarra flamenca más allá de los cánones. |
Y llegó el
final, aunque no nos gustara. Primero con “Raudales de alegría”, para que la
fiesta no decayera “Viento de la Mar”. En ésta –con esa gracia natural que
tienen los gaditanos-, Antonio Lizana pidió la colaboración del auditorio al
objeto de que emularan las olas de la mar. La mitad tenía que decir “Shhhh” y
la otra mitad “Ahhh” a modo de exhalación. No hizo falta más que un ensayo general.
Mientras el público hacía su parte, la guitarra de Adriano Lozano dejó escapar
las primeras notas y Lizana, que canta porque le gusta aunque no es su meta,
nos decía “Sopla viento de la mar. Sopla en la madrugá, aquel aire que trae una
sonrisa…” Y el saxo soprano del gaditano entraba en acción, una vez más, para
deslizarse desde el flamenco hasta el jazz pasando por un poquito de bossa,
volver a “La Tarara”, regresar al jazz y dejar su espacio al bajo de Tana
Santana que nos situó a todos en una sinfonía multicolor de notas y coros. En definitiva,
un concierto que gustó al auditorio de Jazz San Javier y que ha demostrado que
Antonio Lizana y su grupo tocan flamenco y jazz, con una maestría fuera de lo
común deslizándose por ambas corrientes como un trasatlántico lo hace por un
océano, como el que baña la bahía de Cádiz. Personalmente, el de Antonio Lizana
me parece uno de los valores más sólidos en estos momentos, en los que el jazz
español se debate entre continuar o no con la fusión del flamenco con las
múltiples corrientes que se dan en el jazz. Con Lizana está claro que sí se
puede y se debe hacer de esa manera.
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El arte de José Mawi en el baile. |
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El septeto del saxofonista Antonio Lizana. |
La segunda parte de esta décima jornada del
XVIII Jazz San Javier, nos estaba reservada para volver a escuchar a una de las
Damas del Jazz del momento. Dianne Reeves regresaba al festival para ofrecernos
buena parte de sus canciones integradas en su disco “Beatiful Life”, que ha
logrado el Grammy 2015 al Mejor Disco de Jazz Vocal. En esta su tercera visita,
Reeves iba a recibir el Premio del Festival a Toda Una Carrera Musical; premio
que fue instaurado en 2002 y cuyo primer ganador fue el acordeonista Richard
Galliano.
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Dianne Reeves y su grupo. |
El concierto
comenzó con una versión instrumental de “Summertime” (de la ópera de Gershwin “Porgy
& Bess”) a cargo del grupo que acompaña a la cantante y conformado por su
pianista y arreglista Peter Martin (quien también ha visitado en varias
ocasiones el festival); el gran Romero Lubambo, en las guitarras; Reginal Veal,
en el bajo eléctrico y contrabajo, y el baterista Tereon Gully. Una pieza que
les sirvió, al tiempo, para ajustar el sonido ya que no pudieron llegar a las
pruebas de la tarde. Tras esos doce minutos de ajuste, Dianne Reeves apareció
en el escenario del Parque Almansa con las primeras notas de “Dreams”; una de
las canciones pertenecientes a ese disco Grammy 2015.
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Dianne Reeves volvió a dejar un concierto cautivador. |
Tras dar las
buenas noches y saludar al público, Dianne atacó varias piezas más como “Who
Will Buy” (traía un cierto recuerdo a “Fever”, aunque no lo era), “That’s All”
(una introducción en “scat”) e “I’m In Love Again” (una balada casi bossa, en la
que Romero Lubambu reiteró su magisterio interpretativo y creativo con las seis
cuerdas brasileñas) que pronto resituaron al auditorio en la parcela de Dianne.
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El disfrute del contrabajista Reginald Veal. |
Con un
público ya bien situado, la cantante de Detroit comenzó a desplegar su paraguas
interpretativo que, sin duda, ha ido ganando muchos enteros a lo largo de toda
su trayectoria. Así es que como el ambiente estaba propicio para ello, se dejó
sonar “Our Love Is Here To Stay” (otro bossa con un Lubambu que se salía y que
el respetable supo premiar debidamente) y regreso a su disco premiado este año
como mejor del jazz vocal a través de una de sus canciones: “Cold”.
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El guitarrista brasileño Romero Lubambo. |
Dianne
Reeves ha seguido los pasos de las grandes divas del género y así no puede, por
menos, que adentrarse en el “scat”; una especialidad vocal difícil donde las
haya pero que la cantante norteamericana ha sabido dominar, como demostró en “Tango”,
otro de los temas que conforman su premiado álbum “Beautiful Life”. Tras ello,
una versión más extendida que la del disco de “Waiting In Vain”,
que para el cd grabó junto a Lalah Hathaway.
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El pianista Peter Martin en un momento del concierto. |
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El baterista Tereon Gully. |
Cuando
parecía que ya había finalizado el tema, el director del festival intervino
para anunciar que se iba a hacer entrega del Premio otorgado en esta XVIII
edición, a la intérprete. Para ello solicitó la presencia del alcalde de San
Javier, José Miguel Luengo, así como su concejal de Cultura, David Martínez, y
la nueva consejera del ramo del gobierno regional murciano, Noelia Arroyo.
Dianne Reeves agradeció el premio y acabó la pieza que, por un despiste más que
nada, se vio interrumpida en la creencia de que había finalizado. Los músicos
ni le dieron importancia y tan es así que después del protocolo, volvieron al
tema como si tal cosa. Luego llegó el bis, tras la insistencia de un auditorio
totalmente entregado a esta Dama del Jazz que se llama Dianne Reeve, que nació
en Detroit hace casi 59 años (los cumplirá en octubre de este año) y que se ha
convertido en un referente mundial del jazz vocal. “Beatiful Life” fue su
premio a un público fiel y entregado, como el de Jazz San Javier.
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Dianne Reeves recibe el Premio del Festival 2015. |
En resumen,
una noche de ensueño, de muy buenas vibraciones en todos los sentidos y en la
que el flamenco y el jazz se abrazaron, en presencia de toda una Dama. La
undécima jornada de esta XVIII edición tendrá, igualmente, dos contrastes. El
primero lo pondrá Enrique Heredia “Negri”, que regresa a San Javier por tercera
ocasión para ofrecer piezas de su disco “Mano a Mano” dedicado a las canciones
del mejicano Armando Manzanero. Le acompaña uno de los impulsores del latin
jazz, Jerry González, que aunque nacido en Nueva York vive desde hace años en
Madrid. Y también invitada para la ocasión, la gran cantaora Montse Cortés,
gitana malagueña, que se sitúa entre las más firmes promesas del futuro cante
femenino.