jueves, 20 de julio de 2017

LOS ESPÍTITUS DE MONK Y JOBIM IMPREGNARON EL XX JAZZ SAN JAVIER.


Thelonius Sphere Monk III, el hijo del recordado pianista, ofreció un concierto basado en los temas de su padre al cumplirse el centenario de su nacimiento. La voz de Nnenna Freelon, una de las damas del jazz actual, nos hizo sentir escalofríos de placer en una noche que tuvo otro espacio para otro grande del piano y la bossa nova: Antonio Carlos Jobim. Su nieto Daniel, junto al guitarrista John Pizzarelli que recibió el Premio del Festival, elevaron la música del compositor carioca en una noche para el recuerdo.

El baterista y líder del sexteto, Thelonius S. Monk III.

La sexta jornada de esta XX edición de Jazz San Javier nos colocaba ya en el Ecuador del festival, en otra de esas noches para grandes aficionados al género y, desde luego, conciertos de los que crean afición por esta música cuando se tiene la suerte o el acierto de verlos en el mismo auditorio del Parque Almansa. Sus protagonistas fueron el reputado baterista Thelonius Sphere Monk (hijo de uno de los creadores de la corriente “bebop” y excelente compositor y pianista), que llegaba acompañado de una de las grandes voces femeninas: La de Nnenna Freelon, que hace unos años estuvo a punto de visitar Jazz San Javier. Esto en la primera parte ya que en la segunda, se nos preparó otra efemérides, aprovechando que se cumple este año los 50 del primer disco que grabaron Francis Albert Sinatra y Antonio Carlos Jobim (1967) y los 48 de un segundo, Sinatra-Jobim (1969), para, en cierta manera, certificar la calidad compositora del músico brasileño y de aquel movimiento musical nacido en Río de Janeiro llamado “bossa nova” que lograba ser internacional. Para que su música nos volviera a envolver, su nieto Daniel junto al guitarrista y cantante norteamericano John Pizzarelli –que recibió el Premio del Festival a Toda Una Vida en la música- regalaron al auditorio un concierto que trajo a la memoria de muchos de nosotros (sobre todo, a los que contamos con más edad y conocimos en aquellos días sendas grabaciones y su repercusión internacional) recuerdos imborrables que emanaron en esta noche.

El pianista Theo Hill estuvo a la altura de las exigencias para este homenaje.

El primogénito del recordado pianista y compositor Thelonius Monk, Thelonius Sphere Monk, y sexteto llegaban al XX Jazz San Javier para ofrecer un concierto basado en temas del primero como celebración del centenario de su nacimiento, acaecido en 1917. Ningún aficionado iniciado en el jazz puede negar que Monk fue uno de los grandes improvisadores de esta música –de hecho poseía un estilo único y envidiado para ello- cuyas composiciones también figuran entre las más importantes del género. El fenómeno Monk es estudiado en las escuelas de jazz, junto al de otros nombres de aquel movimiento denominado “bebop”, como lo fueron Dizzy Gillespie, Charlie Parker, Miles Davis o John Coltraine. Cada uno de ellos tenía su propia personalidad y Monk destacaba, precisamente, por su facilidad para la improvisación. Siendo muy pequeño, sus padres se trasladaron a Nueva York y allí transcurrió casi toda su vida. Con tan sólo seis años recibió clases de piano, pero Thelonius prefirió continuar aprendiendo de algunos pianistas del momento que, posteriormente en su manera de interpretar, se descubrían las influencias de éstos en el joven músico.

La gran Dama del Jazz Nnenna Freelon.

Pues bien, con parte de las composiciones de su padre y un absoluto respeto por su figura, el baterista Thelonius Sphere Monk apareció en el escenario del Parque Almansa con su sexteto conformado por el trompetista Randall Haywood (que sustituía al anunciado Josh Evans); Willie Williams en el saxo tenor; Patience Higgins en el saxo alto; el pianista Theo Hill, que llegó para sustituir a la anunciada Helen Sung; y el contrabajista Beldon Bullock, que igualmente sustituía a Kenny Davis en el programa oficial. Con estos músicos, Monk hijo inició el concierto a través de “One by One”, en la que ya nos situó a todos en el camino por el que iba a transcurrir este homenaje en recuerdo al gran Thelonius Monk.

El trompetista Randall Haywood, que tuvo una primera intervención gloriosa en la pieza "One by One".

Inmediatamente, Shpere Monk, por cierto el III, se dirigió al público para indicar que era un honor estar tocando esa noche en San Javier; “una ciudad muy bonita que no conocía”, indicó, para recordar a continuación que este año su padre habría cumplido los 100 años. Thelonius Sphere Monk destacó que quiso a su progenitor y era fan suyo. “Con él aprendí mucho; sobre todo, durante los últimos cinco años de su vida en los que estuve de gira con él”. El público supo mostrar su respeto y cariño hacia los Monk, que regresó a su batería para atacar dos nuevas composiciones; una del repertorio de su padre, “Evidence”, y “Sierra”. Los que denomino cariñosamente aficionados “pata negra” mostraban su inequívoca satisfacción ante el homenaje que se estaba llevando a cabo, al que fuera denominado el “Gran Sacerdote” del bop; etiqueta que siempre rechazó porque Thelonius Monk sólo quería que se hablara de su música y tocar, sobre todo tocar.

El saxofonista tenor Willie Williams.

De nuevo, otra pieza del repertorio del pianista, “Rhythm-A-Ning”, que el sexteto abordó de manera correcta, con solos de los saxofonistas Williams y Higgins e incursiones acertadas de un Theo Hill al piano, que parecía tener una especie de muelle en su trasero porque no paraba de dar pequeños saltos en su banqueta mientras tocaba. Era el más claro exponente de un sexteto de jazz al uso, de los que puedes encontrarte en cualquier club neoyorkino. Y fue entonces cuando Monk III soltó aquellas palabras que nos preparaban a la aparición en escena de Nnenna Freelon: “Con Nnenna se van a enamorar y les gustará mucho”, enfatizó el baterista.

Nnenna Freelon apareció en el escenario y nos conquistó.
Y apareció ella, con vestido ceñido, estampado de flores y corte de estilo años 40 y 50. Figura delgada y estilizada, con pequeños recogidos en su cabello que conformaban una figura geométrica perfecta. Llenó el escenario del auditorio, que la recibió con un gran aplauso al que correspondió con una reverencia, mientras sonaban las primeras notas de “In Walked Bud”. ¡Qué manera de interpretar, de dar réplicas como si de otro instrumento más se tratara! Es toda una Dama del Jazz, que ha ganado con el paso de los años en calidad, aunque esos años apenas se noten en su físico. La entrega del público fue inmediata nada más acabar la canción. Gran ovación del respetable y correspondencia de Nnenna Freelon y el sexteto. Ahí se daba una conexión absoluta entre unos y otros. Y nada hay más placentero para ambos. Por ello, el concierto estaba resultando una comunión bendecida desde las estrellas por el propio Thelonius Monk.

Patience Higgins realizó varios solos con su saxo alto.
Las notas de “Nature Boy” hicieron unos compases de entrada, antes de que la voz de Nnenna Freelon volviese a envolvernos con su suavidad. Su voz cantaba estos versos: “There was a boy / A very strange, enchanted boy / They say he wandered very far, / Very far, / Over land and sea”. (“Había una vez un chico / Un muy raro, encantador chico / Dicen que anduvo muy lejos, muy lejos / Sobre tierra y mar”), mientras esa música cadenciosa de la pieza sonaba de fondo interpretada por el sexteto. Esa voz… Esa voz nos llegaba, nos enganchaba y elevaba al tiempo hacia el cielo. Los aplausos del personal puesto en pié dejaban muy clara la admiración del público, hacia Freelon y el sexteto que lidera T.S. Monk III. Porque él no era Junior; Junior era su padre, según aclaró.

Beldon Bullock fue un pilar rítmico del sexteto que lidera T.S. Monk.
Uno piensa que los momentos de la vida que merecen ser vividos son como éste que nos estaban proporcionando estos siete músicos. Y aún faltaban algunas más, como “Skylard”, que dejó sonar su música en la noche veraniega, con las brisas marinas a nuestro lado y escuchando cantar una de las letras de Johnny Mercer que reza: “And in your lonely flight / Haven't you heard the music in the night? / Wonderful music / Faint as a will o' the wisp / Crazy as a loon / Sad as a gypsty serenading the moon” (“Y en tu vuelo solitario/ ¿No has escuchado la música en la noche? / Música maravillosa / Desmayarse como un testamento / Loco como un bribón / Triste como un gitano cantando a la luna”). ¡Qué placer tan intenso el poder disfrutar de una actuación tan maravillosa!

Nnenna Freelon canta "Skylard", acompañada por el contrabajista Bullock.
Monk regresó al micrófono para volver a tener palabras para su padre, porque parecía muy empeñado en dejar nítidas varias ideas equivocadas que sobre su figura han dejado otros. T.S. Monk III indicó que “mucha gente opinaba que mi padre estaba loco. Y eso es que no lo entendían ni comprendían su música”. Aquí habrá que recordar que, tal vez, desesperado por esa incomprensión continúa a la que estuvo siempre sometido (el propio Miles Davis no consentía sus tempos, su manera de interpretar sin respeto, en ocasiones, por los silencios) le hicieron abandonar hacia 1972 hasta su fallecimiento diez años después. El hijo de este gran icono del jazz también se refirió a otra creación de su padre, “Round Midnight”, como “una de las más importantes del jazz jamás escritas”. Y explicó que esa noche la tocarían de manera diferente, para adaptarla a Nnenna Freelon.

T. S. Monk III en otro momento del concierto.
El auditorio aplaudió, de nuevo con respeto, antes de que la melodía base completa sonara en instrumental. Entonces apareció en escena Nnenna Freelon y fue desgranando la letra de esta balada irrepetible, que se convirtió en un imprescindible de la Historia del Jazz. Freelon evolucionaba de una manera que me recordaba la figura de Billie Holiday, tan estilizada y con ese vestido a la usanza de la malograda “Lady Sing The Blues”. Aunque posee su personalidad, la noche del pasado 15 de Julio en el XX Jazz San Javier, Nnenna Freelon me hacía recordar la imagen tantas veces contemplada en fotografías y escasas filmaciones a Billie Holiday. Fue un colofón definitivo que nos hizo deshacernos de cualquier maleficio o prejuicio que pudiésemos tener. El auditorio insistía en un bis, pero solamente T.S. Monk apareció de nuevo en el escenario para saludar y volver a retirarse. Dicen que cuando las cosas son buenas y breves, mejor dejarlas como están. Y este concierto ofrecido por el hijo del gran pianista venerado por todos, con la suma de una Dama del género como Nnenna Freelon, resultó muy bueno. Por eso, el público de San Javier comprendió y aceptó ese nuevo saludo. Ninguno de los que allí estuvimos olvidaremos esta noche.

El sexteto de T. S. Monk con Nnenna Freelon.
La segunda parte de esta jornada del sábado 15 de Julio, se dedicaba al cincuentenario de la primera grabación que llevaron a cabo Francis Albert Sinatra y Antonio Carlos Jobim. El concierto de la efemérides corría a cargo del guitarrista y cantante, John Pizzarelli, y el pianista, cantante y nieto de Antonio Carlos, Daniel Jobim. Junto a ellos, el concurso de Helio Alves al piano; David Carn, contrabajo, y el baterista Duduca da Fonseca. Con esta formación, Pizzarelli y Jobim nos dejarían un concierto correcto aunque algo plano; tal vez, porque estamos acostumbrados a contemplar a un John Pizzarelli más activo y animado de lo que estuvo en esta ocasión. No es que estuviera mal, pero no fue el Pizzarelli de otras visitas anteriores. Aún así,  la actuación fue bien acogida por un auditorio predispuesto a escuchar un homenaje, sobre todo, al compositor de tantas canciones exitosas durante los años 60 del pasado siglo XX, que fueron rápidamente incorporadas al mundo del jazz por los músicos norteamericanos.

John Pizzarelli, Daniel Jobim y el trío que les acompañó, en este 50 aniversario de la grabación del disco "Francis Albert Sinatra y Antonio Carlos Jobim".
Bambles, Bangles & Beads” fue la primera pieza que sonó en este concierto-efemérides (como lo fue en aquel primer álbum conjunto), al que también se iban a sumar temas del Songbook norteamericano arreglados para los terrenos del bossa nova. Después, Pizzarelli y Daniel Jobim atacaban “Agua de Beber”, “Meditation/Corcovado” fusionadas en una sola, y “One Note Samba” que despierta el entusiasmo del público y arranca los primeros aplausos de la noche. Tanto John Pizzarelli como Daniel Jobim se muestran sonrientes y acomodados en el escenario. Pero el trío que les acompaña revela, de vez en cuando, algunas indecisiones o un no saber exactamente qué pieza vamos a interpretar a continuación. Pizzarelli parecía ir trastocando el orden pre establecido en el listado, lo que provocaba esas incertidumbres, sobre todo, de Duduca da Fonseca y Helio Alves. Pero apenas si se notaron, aunque muchos nos dimos cuenta de algunos breves parones, en un momento dado, de estos músicos.

John Pizzarelli utilizó bastante la guitarra española para esta ocasión.
El concierto se asemejó bastante a aquellas sesiones de grabación en el sello Reprise, en Los Ángeles, allá por el año 1967, cuando Sinatra propuso a Jobim grabar un disco juntos y el carioca viajó a los Estados Unidos para tal fin. Hubo varios escollos que salvar, como que el arreglista fuese el propuesto por Jobim, Claus Ogerman. O que el batería para la grabación no fuese norteamericano sino brasileño, ya que el nuevo ritmo carioca no acaba de ser absorbido por los bateristas estadounidenses. Pues detalles así parecían reproducirse en este concierto de ambos músicos en Jazz San Javier. Pero bueno, como se suele indicar “la sangre no llegó al río”. Esto es, que apenas se notó aunque muchos de nosotros sí lo advertimos. En general, el concierto se iba desarrollando bien ya que el pianista y el batería eran brasileños y ahí, el ritmo del bossa nova estaba salvado. Además –y para ser justos-, John Pizzarelli es un gran amante de la música carioca y lleva años viajando al país sudamericano para beber directamente de las fuentes genuinas, como demostró a lo largo del concierto interpretando con la guitarra, tanto española como eléctrica.

Daniel Jobim, que tiene un parecido asombroso con su abuelo.
Nueva incursión en estándares norteamericanos como “Useless Landscape/ Change Partners”, ésta última incluida también en aquel disco del 67, o “Fly Me To The Moon” que tan magistralmente interpretó Frank Sinatra a lo largo de su trayectoria. Después llegarían “Antoine’s Song”, una creación de Michael Franks que Pizzarelli incorporó a este concierto ya que fue creada en honor al compositor y pianista brasileño. Los siguientes dos temas fueron interpretados por Daniel Jobim al piano, mientras Helio Alves sacaba una foto del auditorio en las primeras notas de “Two Kites”, a la que seguiría “Bonita”, una composición que Antonio Carlos Jobim incorporó al segundo intento de publicar disco llamado “Sinatra-Jobim” y que apenas vio la luz por unas horas ya que el propio Sinatra se dio cuenta de que no funcionaba como debía y ordenó retirar las cintas del mercado, siendo publicadas muchos años después algunas de las canciones grabadas en 1969 y ya, al completo, incluidas las que se habían desechado tras la grabación, en un formato de cd que recogía todas las grabaciones de Sinatra para el sello Reprise.

El pianista brasileño Helio Alves.
Una vez recompuesto el trío que acompañaba a Pizzarelli y Jobim, el concierto retomó su estado natural y continuaron desgranando aquella primera grabación de estos dos iconos de la música universal, a través de canciones como “Concentrate/ Wave” (observarán que hubo varias piezas fusionadas), “She’s So Sensitive”, “So Danço Samba”, “Aguas de Marzo” y, cómo no, la inmortal “Chica de Ipanema” que Jobim compuso una tarde que estaba con su amigo Vinicius de Moraes tomando un whisky y vieron pasar esa figura dorada por los rayos del Sol, que se balanceaba dulcemente camino del mar.

Momento en el que Alves deja el piano a Daniel Jobim.
El punto final llegó con “Canto Casual”, que puso el colofón a un concierto, repito, correcto pero menos animado que en visitas anteriores de John Pizzarelli, acompañado en esta ocasión por el nieto de Antonio Carlos Jobim, Daniel, para celebrar el 50 aniversario de la grabación que Jobim realizó junto a Frank Sinatra. En ese punto, el director de Jazz San Javier, Alberto Nieto, apareció en el escenario para reclamar la presencia del Alcalde de la población, José Miguel Luengo, y de su concejal de Cultura, David Martínez, quienes hicieron entrega a Pizzarelli del Premio del Festival a Toda una Vida, que se concede cada año a un músico. Pizzarelli, visiblemente emocionado, agradeció esta distinción manifestando que venir a San Javier es como hacerlo a tu propia casa. E inmediatamente solicitó a Nieto si había tiempo para hacer un bossa más, a lo que tanto Nieto como el mismo público contestaron que sí.

John Pizzarelli enseñando el Premio del Festival al público. A su derecha, el director del festival Alberto Nieto y el Alcalde de San Javier, a su izquierda, José Miguel Luengo.
El gran baterista brasileño, afincado en Nueva York, Duduca da Fonseca.
David Carn al contrabajo.
El grupo regresó de inmediato al escenario y Pizzarelli comenzó a tocar las primeras notas de una composición de Toninho Horta titulada “Aquelas Coisas Todas”, con la que colocaba el punto y final a un concierto que gustó pero al que faltó emoción, a tenor de los comentarios que el público hacía a su término. En resumen, noche para recordar a dos grandes nombres de la música, con dispares resultados. Todos guardaremos un imborrable recuerdo del concierto dedicado a Thelonius Monk, a cargo del sexteto que lidera su hijo Monk III y Nnenna Freelon. Como también guardamos el recuerdo imperecedero de Antonio Carlos Jobim, aunque el concierto ofrecido por John Pizzarelli y el nieto del músico brasileño, Daniel Jobim, no resultó tan animado como se preveía y, consecuentemente, el recuerdo de esa noche puede que no quede marcado a fuego como el de la primera parte. No obstante, bien está lo que bien acaba y éste, lo hizo. La siguiente cita es el martes 18 en la Explada Barnuevo, en Santiago de la Ribera, con el segundo de los cuatro conciertos que se han programado fuera del recinto oficial del festival y entrada libre. Se trata del grupo de músicos murcianos y alicantinos que, desde Murcia, proyectan el swing hacia todos los lugares donde son requeridos. Zoot Suiters ya son un referente en el jazz de la zona y por ello, el XX Jazz San Javier ha querido contar con su concurso en lo que, a buen seguro, será una noche de auténtica fiesta y ritmo para todos los vecinos y veraneantes (que son numerosos) del Mar Menor. 

Las fotografías de este artículo son obra de Goio Villanueva. Si pinchas en el nombre podrás visitar su página web y sus blogs.

Así finalizó John Pizzarelli este concierto conmemorativo.