jueves, 4 de agosto de 2016

SARAH McKENZIE: LA BELLEZA Y DULZURA DE UNA DIVA.


La pianista y cantante australiana, afincada en Paris, ofreció un concierto digno de las grandes voces femeninas del jazz arropada por unos músicos de probada calidad y solvencia. Después, un río de góspel inundo el auditorio de Jazz San Javier, con The London Community Gospel Choir, que registró otro de los llenos de la XIX edición.

La pianista,cantante y compositora australiana Sarah McKenzie.
La penúltima jornada de Jazz San Javier no preveía, sobre el papel, el lleno que registró el auditorio del Parque Almansa. Sí una masiva asistencia, pero no un lleno. Y es que nunca llegaremos a comprender muy bien las preferencias de los aficionados o, simplemente, del público consumidor de conciertos de música. Y lo ocurrido el pasado viernes, 29 de Julio en ese auditorio fue una auténtica sorpresa; tanto en lo musical, como en asistencia de aficionados. En el programa se anunciaban los conciertos de la pianista, cantante y compositora australiana, afincada en Paris, Sarah McKenzie; una de las jóvenes voces del reciente jazz vocal, que ha cautivado ya a todo aquel que ha tenido la fortuna de escucharla. Sarah McKenzie posee una dulzura y belleza natural que le acompañan en sus conciertos como un valor añadido al musical, que raya a una excelente calidad y miras de cara al futuro. En la segunda parte de esa jornada, nos llegaba desde Londres el Coro de la Comunidad Gospel de la ciudad londinense que está considerado como uno de los más potentes y prestigiosos del mundo. No en vano, han realizado grabaciones y actuaciones junto a voces de primer orden como Sting, Tina Turner o Eric Clapton por citar unos pocos. Su visita venía acompañada por un quinteto de músicos que junto a las ocho voces del coro ofrecieron un concierto festivo, participativo y de muy alta calidad musical. 

Jo Caleb acompañó a McKenzie en dos temas que interpretó sin piano.
La pianista, compositora y cantante australiana Sarah McKenzie llegaba por primera vez a Jazz San Javier avalada por las buenas críticas que ha recibido desde que publicó su primer disco y los caza talentos del género volvieron rápidamente su mirada hacia esa voz. Sarah McKenzie te atrae inmediatamente que la escuchas, porque su voz posee ese imán misterioso que todas las divas del jazz vocal han tenido para convertirse en estrellas y grandes damas del género. Su aparición en el escenario ya nos mostraba un toque de elegancia y saber estar, con una Sarah ataviada en un vestido recto blanco, su bolso tipo cartera en la mano izquierda portado con un cierto estilo parisino (seguramente aprendido desde que reside allí) y una simpatía natural que solamente por ello, ya te deja atento a lo que pueda suceder en los siguiente minutos a su alrededor. 

Su concierto comenzó con una pieza escrita por la propia McKenzie titulado “Onwards and Upwards” que, en efecto, fue una primera demostración de la calidad que atesora esta cantante y pianista arropada por tres músicos de probada calidad como son el guitarrista Jo Caleb; Pierre Boussaguet, en el contrabajo, y el baterista (muy fino, por cierto) Marco Valeri. Un cuarteto que funciona como un reloj suizo llegado desde Paris y con una voz que destila un claro tono añejo para darle la fuerza precisa en la interpretación vocal para el jazz. 


El contrabajista galo Pierre Boussaguet.

Sarah McKenzie se ha confesado admiradora y seguidora de esas voces de antaño subrayando que, efectivamente, tiene ese toque porque fue escuchando a Oscar Peterson cómo se interesó por esta música y haciendo lo propio con voces como la de Dianne Reeves o María Schneider, cómo aprendió a modular su voz para interpretar jazz. Así que, como se suele decir, más vale la muestra que las palabras y Sarah McKenzie comenzó a desplegar sus potenciales a través de piezas que, la mayoría de ellas, conforman su último disco aparecido en los mercados en 2015 y titulado “We Could Be Lovers”, que cantó después de “I Won’t Dance”. 

El baterista italiano Marco Valeri posee gran delicadeza para tocar.
Con esas cuatro canciones, la voz de Sarah McKenzie ya había conquistado al público que llenaba el auditorio del Parque Almansa. Y no es de extrañar porque desprende dulzura y juventud con ese toque, como indiqué, de añejo que la hace muy atractiva. La cantante domina bien la escena y sabe llevar muy bien sus actuaciones dando, en cada momento, el clímax que las reacciones del público demandan. Y las del auditorio de San Javier pedían “That’s It I Quit”, para continuar con “Don’t Tempt Me”, una pieza que suena al jazz vocal de los años 50, o adentrarse con absoluta autoridad en los terrenos del blues con “I Got The Blues Tonight”. 

El público la ovacionaba intensamente que atónitos muchos de ellos, no podían creer la calidad de lo que estaban presenciando a pesar de la juventud de su protagonista. Y es que Sarah McKenzie se ha convertido en uno de los valores en alza del jazz vocal interpretado por cantantes noveles y jóvenes. Además de cursar sus estudios y graduarse en el prestigioso Berklee College of Music, de las experiencias vividas en Boston y otros lugares del Planeta, el fijar su residencia en Paris le ha sumado un plus que no todos adquieren. París es una ciudad de artistas en muchas disciplinas, pero desde hace muchos años también es una ciudad de jazz y eso se nota en Sarah McKenzie que ha incorporado a su estilo el modo de vida parisino. 

Sarah McKenzie interpretó dos temas con el sólo acompañamiento del guitarrista Jo Caleb.
Para continuar, los demás músicos abandonaron el escenario salvo el guitarrista Jo Caleb, que comenzó a tocar unas notas del compositor español Albéniz para, inmediatamente, hacerlo con las primeras notas del inmortal “Moon River” que creara Henry Mancini para la película “Desayuno con Diamantes” (título en España cuyo original era “Desayuno en Tiffany”, la famosa joyería neoyorquina y la más prestigiosa de todos los Estados Unidos), que Sarah interpretó con una maestría y sencillez envidiable. 

La belleza y dulzura de una futura diva del jazz vocal.
Y después de este regalo tan delicado, el concierto encaró su recta final con otras canciones que aparecen en su más reciente disco, aunque no solamente en él. Piezas como “Love Me Or Leave Me” (de su primer disco en 2011 compuesta por la propia pianista), “Quoi, Quoi, Quoi” (un bossa precioso), una increíble versión de “At Last” el éxito que logró la recordada Etta James, o “The Lovers Tune”, de su anterior disco, con el que finalizaba su concierto en esta su primera visita a San Javier. 

El público la aclamaba puesto en pié, mientras Sarah McKenzie y sus músicos saludaban al respetable y la organización le obsequiaba con un ramo de flores. Tanto insistió el auditorio que Sarah McKenzie regresó al escenario acompañada de su guitarrista, Jo Caleb, para realizar una soberbia interpretación de una pieza escrita por los hermanos Gershwin titulada “Embraceable You” con la que, ahora sí, se despedía de Jazz San Javier. La verdad es que fue un concierto memorable que ha quedado, creo, en la memoria de muchos de nosotros. La veremos convertida en toda una diva del jazz vocal. 

El cuarteto de Sarah McKenzie en plena actuación.
La segunda parte de esta antesala de clausura estaba dedicada al góspel, una especialidad que nació en las iglesias de los negros norteamericanos y que, a fecha de hoy, se ha ido adaptando a los tiempos logrando diversificarse y conseguir ser un género con éxito. Les parecerá increíble, pero así fue como resultó el concierto ofrecido por uno de los más prestigiosos del mundo: The London Community Gospel Choir. 

Las ocho voces que conformaron este coro en su concierto de Jazz San Javier.
Este coro está considerado el más prestigioso de Europa, aunque también del resto del Planeta. Con un total de diez discos en el mercado y la veteranía que les da el haber grabado  con voces tan prestigiosas como Elton John, Sting o Madonna, la Comunidad del Coro de Gospel de Londres posee una dilatada historia de más de tres décadas ofreciendo conciertos, participando en las grabaciones de esas destacadas voces de las que he hecho mención y siendo un referente coral para los músicos en general. 

Keshia Smith, Neresa Maye y Connie Young. 
La formación que presentaron en San Javier difería un poco de la que se anunciaba en el programa y estaba conformada por las voces de Keshia Smith, Neresa Maye, Connie Young, Nathan Gardener (la única voz masculina), Josephine Nugent, Rebecca Thomas, Cristina Metowu y Annette Bowen. A este fabuloso octeto de voces se unían el director, pianista y voz Bazil Meade, Andrew Smith a la guitarra, Ayodele Oyerinde en los teclados, el bajista Anthony Williams y Leo Meade, en la batería. El conjunto de estos trece músicos es espectacular, tal y como indica el contexto de la palabra. Porque su puesta en escena y desarrollo es eso, un espectáculo en toda regla que atrapa al más soso del lugar. 

Después de Connie Young, Nathan Gardener la única voz masculina. A su izquierda Josephine Nugent.
“Praise The Lord” fue el comienzo de todo un desfile de temas que fueron inundando, paulatinamente, al público que asistía al concierto y al que canción tras canción, The London Community Gospel Choir fueron atrapando y convirtiéndolo en parte de esta comunidad coral. Después llegarían más temas tradicionales como “Going Up Yonder”, “Everlasting God”, “Devoted”, “This Little Light/Amen” en la que Bazil Meade ya buscó la participación directa de los asistentes bajando al foso y moviéndose entre el público con un micrófono, para hacerles cantar y participar como si fueran parte del grupo. Y “Precious Lord Take My Hand”, que terminó con un auditorio puesto en pie y aplaudiendo sin cesar ese espectáculo.

A la izquierda, Josephine Nuget. A su lado, Rebecca Thomas y le sigue Cristina Metowu. 
Y entonces llegó un pequeño homenaje a The Beatles, con temas tan señeros como “Let It Be”, “I’ll Get By With A Little From My Friends” y “We Can Work It Up” que animaron todavía más a un público que bailaba, aplaudía y coreaba sin cesar todas y cada una de esas canciones del cuarteto de Liverpool.

Junto a Cristina Metowu, a la izquierda de la imagen, Annette Bowen.
Hay dos películas que cuentan la historia de una estrella de Las Vegas, que huyendo de un gánster se refugia en un convento de monjas. Una vez allí observa que el coro de religiosas era muy soso y decide cambiarlo de arriba abajo, para hacerlo más atractivo y llenar con ello la iglesia. En la segunda película, esa estrella del espectáculo es demandada de nuevo por la comunidad religiosa para que se haga a cargo de la clase de música. El papel de esa estrella en el convento es la hermana Marie Clarence, que logra de ese coro escolar que sea uno de los mejores de Estados Unidos.  Pues ese papel, exactamente, es el que llevó a cabo Rebecca Thomas colocándose frente a sus compañeros y dirigiéndolos, a ellos y también a los músicos, en algunas de las canciones que siguieron conformando este concierto tales como “My Soul Says”, “I Found The Answer”, “Happy Are The People”, “Long, Long Lonely Journey” o “Beggy, Beggy”, cuyos solistas se iban alternando de entre las ocho voces.

Rebecca Thomas, de espaldas al público, dirigiendo a sus compañeros.
El grupo de músicos que acompañan a estas voces.
El bajista Anthony Williams.
Y el final no podía ser de otra manera que con un icono que todo buen coro que se precie debe incorporar a su repertorio: “Oh Happy Day”, en una versión personal de The London Community Gospel Choir, que provocó un estallido general del auditorio, puesto en pie desde hacía tiempo atrás, aplaudiendo sin cesar a esta maravillosa comunidad coral con base en Londres.

Bazil Meade animando al público a cantar y participar.
Una muestra de cómo se encontraba el auditorio de público.
El público no quería marcharse sin que les regalaran un bis. Naturalmente que estaba previsto; regresaron al escenario y Annette Bowen tomó el micrófono para convertirse en la solista que iba a dirigir “Faith”, en otra versión “made in London Gospel Choir” que derribó al personal. Fantásticos y decisivamente pletóricos los componente de The London Community Gospel Choir en esta su primera, y exitosa, visita a Jazz San Javier, que despejaron todo tipo de dudas sobre los recelos, pequeños o mayores, que algunos podían tener sobre el góspel.

En resumen, una jornada redonda con un lleno total del auditorio Parque Almansa con una primera parte a cargo de Sarah McKenzie, que a través de su dulzura y belleza nos atrapó en su jazz añejo a pesar de su juventud. Será una gran diva del jazz vocal. La segunda parte se convirtió en una gran y sensacional fiesta coral, en la que The London Community Gospel Choir nos hicieron cantar, bailar, aplaudir y cambiar prejuicios que sobre el góspel, algunos pudiéramos tener. Loa jornada de cierre será, sobre el papel, una gran noche de jazz con dos nombres de peso en el género: El pianista y Patriarca de la familia, Ellis Marsalis, y el cantante Kevin Mahogany, al que se entregará el segundo de los dos premios del festival concedidos para esta edición. Estoy convencido de que será una jornada inolvidable. Les contaré todo lo que ocurra.

Las fotos son obra de Goio Villanueva. 

The London Community Gospel Choir al completo.

viernes, 29 de julio de 2016

EL SWING DE UNA NOCHE DE VERANO

El londinense Ray Gelato ofreció un concierto divertido y ameno, a orillas del Mar Menor en el Puerto “Tomás Maestre” de La Manga.

El cantante y saxofonista Ray Gelato al comienzo de su concierto en La Manga.
En anteriores crónicas del XIX Jazz San Javier, les he recordado que para esta edición el festival rescató la programación paralela de conciertos fuera de la sede habitual del Parque Almansa. Hace seis años que esta programación paralela tuvo que ser interrumpida, debido a los recortes presupuestarios que sufrieron las administraciones públicas. Hasta aquel momento y en sus dos años anteriores, la experiencia había sido positiva y fue muy triste el tener que suspenderla. Pero el director del festival, Alberto Nieto, siempre mantuvo que en el momento que se pudiera rescatar se haría, como así ha sido en la presente edición. Pues bien, todo ello para indicarles que el cuarto y último concierto de esta programación nos llevaría hasta el Puerto Deportivo “Tomás Maestre”, en La Manga del Mar Menor. Un marco singular para ofrecer conciertos de jazz, que resultó gratamente acogido en su momento por una explanada repleta de público. Y así ha continuado tras su reanudación, el pasado domingo 24 de Julio, con la actuación del saxofonista londinense Ray Gelato y sus Enforcers, que se mostraron dispuestos a divertir a todas aquellas personas que acudieran a esta cita.

Además de estas realidades, también hay que añadir otra como la que hicimos algunas personas de la organización, fotógrafos, periodistas y aficionados: Cruzar el Mar Menor en barco desde La Ribera hasta ese puerto deportivo. Al llegar, cada cual escogió su ubicación entre las sillas dispuestas al efecto. Otros, como los que habitualmente hacemos estas crónicas, elegimos una mesa en el restaurante El Pulpito (pegado a la explanada) para dar cuenta de sus exquisitas viandas y bebidas mientras asistíamos al concierto.

El contrabajista afincado en Barcelona Iván Kovacevic.
Ray Gelato es un músico que desde muy niño tuvo la oportunidad de escuchar los viejos discos que su padre, un soldado norteamericano destinado en el Reino Unido, poseía de cantantes como Frank Sinatra, Louis Jordan, Bill Haley, Louis Prima o las estrellas del rock’n’roll de los años 50 del pasado siglo XX. Y aquellas músicas influenciaron a Gelato que fue haciéndolas suyas, mientras estudiaba saxofón y hacía sus pinitos cantando aquellas canciones con mucho swing. 

El pianista Richart Busiakiewicz en pleno concierto.
Y así comenzó su desfile musical, en una preciosa noche marina que se adornó con esta música que no te deja quieto ni un momento. Ray Gelato y sus Enforcers, conformados por el bajista Ivan Kovacevic, el batería Martí Elías y el pianista Richart Busiakiewicz (que sustituía a Gunther Kurmayr por fallecimiento de su madre) iniciaron el concierto con mucho ritmo a través de “Nosey Joe”, para continuar con una primera tanda integrada por piezas como “Jack You’re Dead”, en la que alternaba el canto con el toque de saxo, “My Last Meatball”, “Smooth Sailin’”, ésta un poco más tranquila de ritmo, “Should I Stay Or Should I Go”, o el inmortal “C’est Si Bon” que intercaló para sosegar un poquito el caluroso frenesí que la música y temperatura ambiente nos “azotaba” a todos los presentes.

Martí Elías es el baterista de Ray Gelato.
Luego llegó “I’ve Found A New Baby” que continuaría relajando un poco el ambiente para que, tal vez, a algunos pudiéramos terminar de cenar con cierta tranquilidad, pero fue poco el sosiego porque de inmediato Ray Gelato y sus chicos preguntaron si nos gustaba el blues y, claro, ya está liada otra vez. “Lonesome Road”, para continuar con “Barnyard Boogie”, de Louis Jordan, de regreso al blues con “Birth Of The Blues” que llevó al éxito, entre otros, Frank Sinatra (¿recuerdan que lo escuchaba de pequeño?) o “Puttin’ On The Ritz”, otro clásico del “show business” norteamericano.

Desde luego, si queremos pasar una velada excelente de swing y hacerlo con alguien que sea un excelente intérprete como cantante y músico uno de ellos es Ray Gelato. Para este músico nacido en Londres, esta música no tiene secretos y domina un amplísimo repertorio que caló en él desde muy niño. Es un estilo que se mueve entre el jazz, el rock’n’roll y el blues y que Gelato domina a la perfección. 

Vean cómo se encontraba de público la explanada del puerto.
En la recta final, Ray Gelato y sus Enforcers nos regalaron un viejo éxito de Jackie Wilson titulado “Doggin’ Around” para, a renglón seguido, continuar con “Tu vou fa’ l’americano”, el éxito mundial de Renato Carosone, para finalizar el concierto con el clásico de Louis Prima “Just A Gigolo/Ain’t Got Nobody”, que terminó levantando al personal de sus sillas, aplaudiendo sin cesar y agradeciendo el que Ray Gelato y sus Enforcers les regalaran un concierto tan alegre y divertido. Obviamente pidieron un poco más y Gelato interpretó “Five Guys Named Moe”, que terminó por dejar al público plenamente satisfecho y con una moral por las nubes.

El cuarteto de Ray Gelato en pleno concierto ofrecido en el Puerto Deportivo "Tomás Maestre", de La Manga del Mar Menor.
En suma, una noche preciosa a orillas del Mar Menor con el Mediterráneo a nuestras espaldas, en la que un cantante, músico y showman londinense, Ray Gelato y sus chicos de Enforcers, nos dieron el swing de una noche de verano. La próxima cita encara la recta final de esta XIX edición de Jazz San Javier, con la jornadas que se celebrarán el viernes 29 y el sábado 30 de Julio. El viernes nos llegará Sarah McKenzie, compositora y cantante australiana, que ha surgido con cierta fuerza de entre las nuevas generaciones del género. Y en la segunda parte góspel con The London Community Gospel Choir. Una jornada que promete emociones y sensaciones de primer orden. Ya les contaré.  

Las fotografías son obra de Goio Villanueva

Gelato es, además de cantante, un excelente saxofonista.

FLAMENCO FUSIÓN Y EL ARTE DEL ARCO, FRENTE A LA MISTERIOSA IMAGEN DE MELODY GARDOT

El pianista Dorantes, el contrabajista galo de origen español Renaud García-Fons y la cantaora Esperanza Fernández regalaron una fusión de duende, embrujo y capacidad musical de muy alto nivel, en el que la fusión de rondeñas, soleás o garrotín con el jazz y toques de clásica resultaron un concierto único y grande, como los cantes. Después, una misteriosa cantante de Philadelphia y ciudadana del mundo, Melody Gardot, nos llevó por caminos sinuosos hasta alcanzar su plenitud y la aceptación del auditorio que la aclamó sin reservas.

Dorantes en su regreso a San Javier, con su nuevo proyecto "Paseo A Dos".
Les confesaré antes que nada, que cuando se presentó el programa del XIX Jazz San Javier y leí que regresaba el pianista español Dorantes me alegré mucho. La razón la tendríamos que buscar en su primera visita, allá por la edición XV correspondiente al año 2012. Aquella noche del 21 de Julio quedó en mi memoria, porque nunca antes de entonces había escuchado un piano tan libre, inquieto y versátil como el de David Peña Dorantes. Otros le han precedido como el Maestro Arturo Pavón –que sentó y dignificó el flamenco de los gitanos, a categoría superior y cuya obra ha sido estudiada por estas otras generaciones posteriores- o Felipe Campuzano, dentro de esa nueva generación de pianistas posteriores a Pavón, entre otros. Pero en ninguno de ellos observé ni detecté lo que con Dorantes, que ha sido discípulo de Pavón como muchos otros o, al menos, se han mirado en los estudios de Pavón para desarrollar su propio estilo. El resultado de su segunda visita fue escalofriante, novedoso y mágico. Para la segunda parte, Jazz San Javier nos tenía preparado, cómo no, el contraste. La voz de la compositora, cantante y pianista norteamericana Melody Gardot, cuyo staff llevaba dos días ubicado en el exterior del auditorio en el Parque Almansa. Gardot dejaría en esta su primera visita a San Javier un concierto que desde mi punto de vista fue de menos a más. Probablemente como ha sido su vida, desde aquel desgraciado accidente hace más de una década, en el que casi pierde la vida por unas extrañas circunstancias del destino que le llevaron a ser arrollada por un camión mientras paseaba en bicicleta. Pero antes de seguir con Melody Gardot, les cuento con detalle el concierto de Dorantes y García-Fons con Esperanza Fernández y Javier Ruibal Jr., en la batería.


El contrabajista francés de origen español, Renaud García-Fons, utilizando su gran técnica del arco que asombró a propios y extraños.
Como les indiqué unos renglones más arriba, la primera vez que vi y escuché en directo un concierto del pianista David Peña Dorantes quedé gratamente impresionado. Su escalofriante ductilidad para crear música deja una percepción de que esto es fácil de llevar a cabo que momentos después, te das cuenta de la escasa o poca aptitud que uno tendría para llevar a cabo lo que hace Dorantes con el piano. De sus manos surgen multitud de notas que recorren rápidamente las 88 teclas de su piano. Es, como indiqué, una mente libre en la que caben todas las tendencias que puedan casar con el flamenco y éste con aquellas. Por ello, su música no puede catalogarse, en algunos momentos, ni como jazz ni como flamenco. Y está llevando este instrumento a unas cotas hasta ahora inalcanzables, como el gran Paco de Lucía hizo con la guitarra.

David Peña Dorantes y Renaud García-Fons, en el comienzo de su concierto.
Dorantes es pasión e inteligencia; libertad y versatilidad. Las ideas para la música fluyen en él de una manera natural a borbotones, pero con orden y sosiego dándonos un resultado grandioso, con poderío y muy innovador. Y la primera prueba de lo que les afirmo nos llegó con “La promesa del alba”, unas rondeñas en las que el pianista y su compañero de viaje en este “Paseo a Dos”, Renaud García-Fons en el contrabajo, conjugan a la perfección dos instrumentos que hacen brillar, cada uno de ellos, con luz propia. Nunca, antes de esta noche, vi a ningún contrabajista manejarse con el arco de la manera que lo hace García-Fons. En esta primera pieza, nos dejó a todos boquiabiertos cuando le veíamos –y escuchábamos- evolucionar con esa aparente facilidad con la que deslizaba el arco sobre las gruesas cuerdas de su contrabajo de cinco cuerdas.

Porque esa es otra. Renaud García-Fons interpreta con un contrabajo de cinco cuerdas cuando lo habitual es el de cuatro. Es un músico abierto, con una técnica sencillamente envidiable como así me lo hicieron saber algunos contrabajistas que asistieron al concierto. Esa técnica denota muchas horas y años de estudio, de prácticas hasta encontrar el sonido que hay en la mente del músico. Por lo tanto, la unión de dos singularidades así tenía que dar un resultado tan positivo y esclarecedor como el visto y escuchado en la noche del pasado sábado 23 de Julio, en el auditorio de Jazz San Javier.

Luego de la rondeña atacaron “Molto enrollado”, otro título de este su disco a dúo, en la que seguíamos apreciando por bulerías cómo dos exploradores de la música han llegado juntos a lugares donde otros aún no lo han hecho. El flamenco es la base, pero no la única tendencia que en estas creaciones se destilan en las que cada uno de ellos imprime sus conocimientos e investigaciones del instrumento. Dorantes rasga parte del arco de cuerdas con la derecha, mientras con la izquierda ejecuta los acordes que definen el camino de la pieza. Y García-Fons aborda su contrabajo, en algunos momentos, como si de un violín se tratara. Es una sencilla maravilla que continuó a lo largo de todo el concierto de regreso de Dorantes y sus compañeros de viaje, a la que ya considera como su casa levantina.

La cantaora Esperanza Fernández también regresaba con Dorantes, para interpretar varios cantes dentro del concierto.
Y llegó el momento de llamar a Esperanza Fernández, la cantaora gitana del barrio sevillano de Triana que lleva el flamenco en su cuerpo desde que vino al mundo. El caso de Esperanza Fernández Vargas (con esos apellidos no se puede negar que sea flamenca) va más allá de los cantes hondos, de la soleá. Se ha atrevido con muchos apartados de la música desde hacer un espectáculo con El Amor Brujo, de Manuel de Falla, hasta cantar con voces tan dispares como Noa o la desaparecida Myrian Makeba. Ha pisado escenarios de muchos lugares como Nueva York, Paris, Colonia (Alemania) o Brasil por citar unos pocos además de los españoles. Y se ha atrevido con música contemporánea, clásica, jazz… Es un portento de la voz femenina del flamenco que como sus compañeros en este concierto ha ido más allá de lo que era su marco natural. Una soleá  del disco Paseo a Dos titulada “El crisol de la noche”, en su parte de cante, fue su entrada en escena con la que la cantaora trianera dejó una primera tarjeta de visita que levantó al público de sus asientos para ovacionar al trío.


Javier Ruibal hijo, baterista y percusionista del Puerto de Santa María, que realizó tres piezas con una ejecución limpia y un alto conocimiento de su especialidad.
García-Fons llevó el peso de esta pieza en el resto de partes ya que su arco hacía las veces de la voz humana. La técnica empleada por el francés de procedencia española nos dejó a los presentes absolutamente inmovilizados y sumamente atentos a sus evoluciones, que en los 19 años de festival nunca antes habíamos presenciado algo igual. Sí recuerdo ahora el canto de las ballenas que imitó con el arco el contrabajista cubano Omar Rodríguez Calvo, miembro del Tingvall Trío, pero fueron unos pasajes en varias piezas. García-Fons utiliza el arco de manera habitual; se ha especializado en esta técnica, que pone en práctica con su contrabajo de cinco cuerdas haciendo del instrumento de acompañamiento un solista.


Llegados a este punto del concierto, Dorantes ejecutó una pieza de piano solo titulada “Ante el espejo”, de su disco Sin Muros editado en 2012 cuando su anterior visita a Jazz San Javier, en el que reiteró su amplísima visión musical además de su dominio y agilidad interpretativa con el piano. Luego llegaría el turno de Renaud García-Fons, con “Aqa Jan”, en la que hizo lo propio con el contrabajo y arco en otra demostración de cómo utilizar ese arco golpeando las cuerdas para sacar del contrabajo sonidos que nos situaban en otras latitudes más orientales, que finalizó golpeando las cuerdas y sacando, al tiempo, armónicos. Fue demasiado emocionante y enriquecedor para un público que está habituado a escuchar a virtuosos de manera habitual. Gran ovación del auditorio puesto en pié.
Esperanza Fernández regresó para interpretar una malagueña y un garrotín.

Nuevamente en el escenario Esperanza Fernández –a la que por cierto, Dorantes le hizo uno de sus discos en 2013- para cantarnos una malagueña, “Palabra de Ensueños”, de regreso al disco Paseo a Dos, y un garrotín: “Mar y Rayo”, del mismo disco. El público no desfallecía; antes al contrario, a cada nueva interpretación más admiración. Por cierto, que en ésta última ya se incorporaba el baterista Javier Ruibal hijo haciendo una demostración de sus amplios conocimientos y delicadeza al tocar su pequeño laboratorio percusivo.
Un joven baterista y percusionista del Puerto de Santamaría, que ejecutó tres piezas con una limpieza y maestría poco común. “Sin muros ni candados”, bulerías en las que éstas dejan paso a un torrente improvisador que se va por terrenos del jazz y “Barrio Latino”, ambas de Dorantes, en las que como su propio título señala nos sitúa en el entorno de la música caribeña con esas incursiones en el jazz latino. Premio final a un concierto que dejaba a un público absolutamente entregado y asombrado, ante el enorme intelecto y eclosión creativa e interpretativa de estos cuatro músicos, que en esta ocasión han liderado el pianista David Peña Dorantes y el contrabajista galo de origen español, Renaud García-Fons. El público pedía más y ellos concedieron, con otra pieza del disco “Sur” de Dorantes titulada “Caravana de los Zincali”, que puso un broche de brillantes a un concierto muy especial.

De izquierda a derecha, David Peña Dorantes, Esperanza Fernández Vargas, Renaud García-Fons y Javier Ruibal, al término del concierto.

La segunda parte de este sábado 23 de Julio, nos iba a deparar un decorado absolutamente opuesto con una voz que en mi opinión, nos dejó un concierto que fue de menos a más. Desde hace unos años vengo manteniendo que algunos cantantes o músicos (son los menos, pero los hay) llegan a Jazz San Javier creando un ambiente un tanto enrarecido. Los responsables o, al menos, los que dan la cara para dejar claro que ellos son los que mandan o pueden exigir son los denominados “road manager”. Por lo general suelen ser o norteamericanos o ingleses. Su proceder crea un ambiente tenso entre organizadores, fotógrafos y periodistas ya que al gran público estas cosas no llegan. Y no lo hacen porque –y aquí está lo curioso del asunto- cuando el artista aparece en el escenario del Parque Almansa comprobamos, ahora en una ocasión más, que todo ese halo maléfico del que se había rodeado no era tal. Y la pregunta es inevitable: Si el artista es así de amable y abierto, ¿por qué el "road mánager" crea tan mala baba entre los que tenemos que atenderles? A fecha de hoy, aún no he sido capaz de descubrir tal misterio. Pero a lo que vamos que es lo auténticamente importante: El concierto de la norteamericana Melody Gardot.

Melody Gardot dibujando un corazón, como queriendo indicar que era todo amor.

Con una gorra, gafas de sol rigurosas, vestido de tela y encaje gris oscuro tipo sayón, medias de rejilla y botines de tacón de aguja apareció en el escenario entre las primeras notas de “Same to you” (título de su último disco) Melody Gardot, que se enfundó su guitarra roja y acompañó la pieza mientras cantaba. El auditorio la acogió con una gran ovación (ya digo, ignorantes del mal ambiente previo que había creado su road mánager durante dos días) que la artista agradeció un tanto fría. Continuó con otro tema de su anterior disco del 2015 titulado “Bad news” (“Malas noticias”) creando, con la iluminación del escenario, un tenebroso ambiente rojo que en nada facilitó la labor de los fotógrafos a los que su “road mánager” dejó nítido que sólo podían hacer su trabajo desde el pasillo medio del auditorio (distancia considerable para primeros o medios planos), en las tres primeras canciones y, encima, con una iluminación como esa. Más adelante observarán que no dispongo de ningún testimonio gráfico del contrabajista ni del teclista debido a esas imposiciones y deficiente iluminación durante esas tres primeras canciones.
El público estaba al margen de estos detalles y se iba creciendo en simpatía con el paso del concierto hacia Melody Gardot, quien también iba comprobando que aquel público no era, tal vez, como se lo habían descrito. La cantante, compositora y pianista de Philadelphia fue animándose también y comenzó a desplegar, más aparentemente tranquila, sus esencias interpretativas y creativas a través de los temas que había preparado para Jazz San Javier en esta su primera visita. Así que sonaron piezas como "Mira", con claros aires brasileños, "You Don't Know What, "Goodbye", tema que tocó al piano y que nos situaba en un club nocturno, o su breve homenaje instrumental al recordado contrabajista Charles Mingus: "March For Mingus".
  
La sección de viento con esa iluminación casi imposible para captar los testimonios gráficos.
Dicen, quienes la conocen más que el que suscribe, que trasciende el jazz y que su estilo y voz es una de las más admiradas en la actualidad. Por ejemplo -y para que se hagan una idea, en el programa de mano se inserta una cita del diario francés Le Monde que indica: "Gardot es jazz, sin serlo, aún siéndolo"-, ciertamente, si escuchamos con atención, sus esquemas están dentro de las bases jazzísticas, pero se escapa de ellas con demasiada frecuencia aunque luego siempre regresa a ellas. . Más ejemplos de esta afirmación, con la que estoy bastante de acuerdo, fueron "Morning Sun", en la que me recordaba a otras cantantes de estilo parecido como Madeleine Peyroux, la propia Joni Mitchel en sus temas lentos como éste o a Patricia Barber, por citar algunas.

Charles Staab es el baterista del grupo.
Mitchell Long, el guitarra y voces, al que he tenido que publicar en blanco y negro debido a la escasísima calidad que se captó en color por la débil iluminación y excesiva distancia impuesta por el mánager de la cantante.
Luego continuó con "Our Love Is Easy", siguiendo con este tipo de baladas que mostraban a una Melody Gardot más romántica, "Baby I'm A Fool", "See Line" y finalizar con "Preacherman", otro tema más en los terrenos del rock aunque sin perder de vista esas bases del jazz. Los aficionados allí presentes arroparon con su calor humano a esta cantante de aspecto frágil y misterioso, que habla español a la perfección y en el que se expresó deshaciéndose en agradecimientos por esta acogida y atenciones de que había sido objeto (tal vez, para atemperar el mal rollo que su "road mánager" había creado previamente, insisto, con la organización, fotógrafos y periodistas que cubrimos informativamente este festival). Y el público le pidió más regresando al escenario e interpretando otra pieza de su más reciente disco titulada "It Gonna Come", que el respetable agradeció enormemente, no sin antes anunciar ella que en breves minutos estaría firmando discos y autógrafos (fotos incluidas) con todos los que así se lo demandaran. Y lo hizo; eso y mucho más en los camerinos con el protocolo del festival. Ya digo, atenciones y amabilidad por un tubo. ¡Qué cosas!

La siguiente cita la tenemos anunciada en el puerto "Tomás Maestre" de La Manga del Mar Menor, con un cantante y saxofonista londinense, Ray Gelato, que visita por primera vez el festival y lo hace dentro del ciclo paralelo de conciertos fuera de la sede habitual. Previamente, se cruzará la laguna saluda en barco hasta el citado puerto, escucharemos y disfrutaremos del concierto en un marco incomparable y regresaremos a La Ribera en el mismo transporte. Se lo contaré, porque la experiencia de seis años atrás fue muy agradable y positiva.


Las fotos son obra (gracias por tu esfuerzo esa noche) de Goio Villanueva.


Melody Gardot durante su concierto en San Javier.