martes, 12 de octubre de 2010

Y SOLOMON BURKE VIO A DIOS

Se ha marchado rodeado de gente, como le gustó estar en esta tierra durante sus conciertos y su vida. Viajaba una vez más, para presentar el resultado de su trabajo musical. Pero tal vez pensó mientras volaba en ese avión del adiós, que ya que estaba tan cerca del Buen Dios era mejor ir a verle. Por eso, tal vez, cambió su rumbo y nunca llegaría a su destino en Amsterdan para ver a los vivos y cantarles sus canciones.

Solomon Burke nos ha dejado huérfanos en la Tierra, porque el Gran Padre lo llamó el domingo día 10 a su Casa. Nos han quedado sus discos, sus canciones, sus recuerdos de Gran Predicador que se dirigía a nosostros desde el púlpito de su escenario impartiendo sus enseñanzas musicales mientras repartía rosas rojas y collares. Nos decía que "Todo el mundo necesita amar a alguien" porque nadie debe sentirse abandonado.

Sus canciones fueron himnos religiosos que traspasaron esa frontera para llegar al gran público, aunque tardaran más años que otros nombres ilustres del "soul" como Otis Redding o Sam Coke. Pero inundaron una parte importante de nuestras vidas, para reconfortar nuestras "almas" sedientas de escuchar palabras gratificantes. Y ello, lo consiguió Solomon Burke con su enorme humanidad como nos demostró durante sus visitas al Festival de Jazz de San Javier, o a tantos otros lugares de la Tierra a los que llevaba su palabra y música.

Hoy me siento triste pero al tiempo, alegre por tener la certeza de que Solomon Burke ha podido ver a Dios. A ese Dios al que tanto rogó y del que explicó su palabra por todo el universo. Hoy "lloramos por tí", Solomon. Y lo hacemos con el recuerdo imborrable que dejaste sobre todos nosotros. Descansa en paz.




NELSON CASCAIS. EL JAZZ TAMBIÉN HABLA PORTUGUÉS

La ola gigante del jazz también alcanzó en su día a Portugal, para impregnar a todo músico inquieto por este género del siglo XX que sobrevive y se hace más fuerte en los comienzos del siglo XXI. Por ello, no es de extrañar que a fecha de hoy existan músicos del excelente calibre de Nelson Cascais, contrabajista, y con un futuro prometedor por delante ya que su edad física (cuenta con 37 años) así lo pronostica. Pero no sólo ello, sino su concepción creativa contextualizada en el género que nos ocupa. Cascais es una mente inquieta -característica necesaria, si se quiere avanzar-, que mezcla diversas corrientes musicales a través de las cuales se puede adivinar aquello que ha dejado huella en su entendimiento para crear.

La cita con su quinteto era el pasado 2 de octubre del año en curso, en la sala "Jazzazza. Ce n'est pas un bar", situada en la población murciana de Algezares, a unos 5 ó 6 kms. de la capital y uno de los escasos iconos de esta música en la Región de Murcia, si nos referimos a salas que funcionan durante casi todo el año con música de jazz en directo. "J", su propietario y director, me había invitado muchísimas veces a los conciertos (grandiosos muchos de ellos, por cierto) que allí se han celebrado. Pero por una circunstancia u otra, nunca había podido responder con mi presencia a esa invitación. El pasado día 2 de octubre sí y la verdad es que no me arrepentí.

Nelson Cascais llegó hasta tierras murcianas, para presentarnos su reciente trabajo en cd bajo el título de "Guruka". Y lo hacía con dos de los cuatro músicos que participaron con él en ese registro. Iago Fernandez, batería; André Fernandes, guitarra y Nelson Cascais, contrabajo. Para completar el quinteto, los músicos españoles cuya base se localiza en Valencia, Albert Sanz, piano y teclados; y el saxofonista, Jesús Santandreu.


Con esta formación -y tras una breve presentación de la banda-, Nelson Cascais Quintet atacó "PC", una balada bien construida y primero de los temas que conforman ese registro de 2009 en Portugal guardando un protagonismo para el saxo tenor de Jesús Santandreu. Tras esta "piedra de toque" para calibrar al público de la sala, "Zulu baby" dejó sonar sus aires afrodisíacos entremezclados con esquemas más clásicos del género, en el que el pianista, Albert Sanz, jugó un papel principal arropado por el resto de la formación dejando, una vez más, muestra de su talento interpretativo. Ya en esta pieza, me fijé en Iago Fernandez. Es un baterista que ha aprendido las técnicas de la percusión con esmero y que, para mí y si no se malogra, apunta unas excelentes maneras como uno de los bateristas del futuro a medio plazo. Habrá que estar atentos a su evolución.



El jazz de Nelson Cascais recuerda las corrientes que estuvieron de moda allá por los años 60 y principios de los 70 del pasado siglo, pero con esa originalidad que el propio Cascais introduce en sus partituras o en las que crea el guitarrista, André Fernandes. "A maldiçao de Pazuzu" fue una pieza para el disfrute de Santandreu, que combinaba su solos con los del guitarrista, André Fernandes, quien dejó constancia inequívoca de su excelente manejo con la pedalera. Su versatilidad a la hora de arrancar notas del traste de su guitarra quedó clara y el personal, a punto de acabar la primera parte del concierto, disfrutaba como "enanos" en el reducido pero entrañable recinto de Jazzazza.

El punto y aparte se puso con "Lume en Aizkorri" (creación del baterista, Iago Fernandez), en la que obviamente la percusión tuvo su momento de gloria y de reconocimiento por parte del público hacia el músico. Con ella, se llegaba al descanso de quince minutos, antes de que el quinteto de Nelson Cascais regresara el escenario de la sala Jazzazza.


Y es que el músico luso guardaba los "pequeños tesoros" musicales de su más reciente grabación para el final. "Silence" (una pieza del gran contrabajista, Charlie Haden) habría esta recta final del concierto, a la que siguió una partitura de André Fernandes: "Radio beat". Una pieza que recuerda aquellos temas que salieron al mercado hacia finales de los 70 y parte de los años 80 de la creatividad y ejecución de los músicos norteamericanos del momento. En alguno de los pasajes de la partitura ésta se hacía "pesada" pero, en general, la pieza resulta accesible para una mayoría.

El punto y final lo reservó Nelson Cascais para el tema que da título a su cd: "Guruka". Una creación que en su comienzo aparenta el paso de las horas de un reloj cuyo tiempo, nos lleva hasta el país de las maravillas. Una partitura grandiosa, para finalizar un concierto acertado al que tan sólo le faltó (si acaso) unos ensayos más del quinteto para acabar de ensamblarse mejor.
Como el público insistía, los músicos concedieron una más: "O centro do mundo". Nueva demostración de la ejecución más que correcta de Iago Fernandez y, como no, del resto de la banda que lidera el contrabajista portugués, Nelson Cascais. Le hemos visto en varias ocasiones tocar en España y creo no equivocarme, cuando afirma que en el futuro seguiremos disfrutando con su música por estas latitudes. Como escribió mi paisano Sebastián Mondéjar en su "Sopa de Hielo", "la península ibérica es ya un referente en el jazz internacional". Y yo añado que posee, además, una excelente cantera de futuro. Te esperamos de nuevo, Nelson.
Las fotografías son obra de Rafa Márquez ( http://www.rafamarquez.net/ )

lunes, 2 de agosto de 2010

CIERRE DE PLATINO PARA UNA EDICIÓN DIFÍCIL DE SUPERAR.

"Probablemente -junto a la décima-, esta decimo tercera edición de Jazz San Javier haya sido la de mejor cartel y resultados, a pesar de los enormes "escollos" que hemos tenido que salvar". Con estas palabras y una cara emocionada, me resumía sobre una tarima del casi desmantelado decorado de Jazz San Javier (a punto de hacernos la foto de familia), su director, Alberto Nieto, a quien podéis ver en la foto que precede a esta líneas realizada -como todas las de estas crónicas- por Marta Pinilla Aldaraví. Un Alberto Nieto que para él se queda todo lo que ha tenido que luchar y sufrir, en un año donde no solamente los recortes presupuestarios por la crisis estaban condicionando muchos detalles de este internacional acontecimiento, sino de otro índole que aquí no voy a citar pero que su equipo conoce muy bien y valoran positivamente el que, finalmente, esta XIII edición de Jazz San Javier haya salido para adelante y su clausura se haya convertido en un éxito, si cabe, más acusado que sus predecesoras.

Porque no recuerdo si lo he indicado alguna vez, pero este Festival de San Javier está considerado no ya como uno de los importantes de Europa, sino del Planeta. Hoy por hoy, muchos músicos del género no ocultan su "entusiasmo" por tocar en San Javier, antes que en otros puntos de España o el continente europeo. Y buena parte de ese prestigio ganado a pulso, año tras año, se lo debemos a su director y su equipo. Es obvio que también, a los diferentes Equipos de Gobierno del ayuntamiento por su decidida apuesta sin la que, probablemente, esta realidad internacional que es Jazz San Javier no lo sería. Por todo ello, nuestra enhorabuena y nuestro agradecimiento a todos los implicados por haber logrado que San Javier hoy esté colocado en el mundo del jazz. Pero vayamos, ahora, con la clausura de esta edición número trece (no somos supersticiosos).


Los conciertos 20 y 21 de esta edición de Jazz San Javier (reservados para la noche de la clausura) resultaron como los buenos caldos: que se reservan para el mejor momento. Algo así es lo que nos había preparado Nieto, para despedir el festival 2010 con dos artistas británicos de primer orden: la cantante, Carol Kidd, y el también cantante, compositor, pianista y un largo etcétera, Paul Carrack.

La primera parte de esa clausura corrió a cargo de la cantante escocesa, Carol Kidd, que en su primera visita a San Javier hizo un repertorio para triunfar desde la primera nota, como así fue. Es una mujer de unos 60 y... largos años, pero con un espíritu jovial, menudita pero potente y simpática donde las haya. Para mí, Carol Kidd resultó "gente Dyck": sin complejos. Y no los tiene porque con su alta profesionalidad puede acometer cualquier contratiempo que pueda surgir. Nada más comenzar, se ganó al público que llenaba el auditorio del Parque Almansa, con una "arrolladora" versión de "Georgia on my mind" que nos dejó "boquiabiertos"; al menos a mí. Porque no es "habitual" que una voz con tantos años físicos, se mantenga tan bien afinada y potente como la de esta mujer.

Pues estábamos en el comienzo y si la cosa iba a ser así, menudo espectáculo que nos esperaba. Así fue, en efecto. Arropada por un sensacional cuarteto -que mantiene muy cerquita de ella, como si estuviera tocando en un clásico club de jazz-, compuesto por el pianista, Brian Kellock; Nigel Clarck, a la guitarra; Mario Caribe da Rocha, en el contrabajo, y el baterista, Michael Bradley, la premiada baladista planteó un concierto repleto de "swing", que iba endulzando a ratitos con esas baladas que le han valido varios premios y el ser considerada como "la mejor intérprete de baladas del Reino Unido". Así, realizó una parte más "íntima y sosegada" con el guitarrista Clark primero y con el contrabajista Caribe después, a través de piezas como "Moon river", "You don't know me" o "The shadow of your smile".

Y entre medias, temas cargados con un tremendo "swing", arrolladores (ya digo), como "It never entered my mind", "I've got you under my skin (increíble su versión)", "Bye bye blackbird" o "Day in, day out". El público (había mucho británico entre el aforo, que habían hecho largas colas horas antes de que se abrieran las puertas del auditorio) se encontraba muy compenetrado con Carol Kidd y sus músicos, que habían logrado esa comunicación entre ambos desde el primer compás. Los estándares continuaron sonando en la voz de esta escocesa universal, como el que los hermamos Gershwin compusieron en 1927 para un musical de Broadway titulado "Funny face": "S' wonderful". O esa otra pieza de Harold Arlen "Happiness is just a thing called Joe", antes de finalizar su actuación con "It's alright with me". El auditorio, puesto en pié, aplaudía sin cesar a Carol Kidd y su grupo, al tiempo que demandaba un bis.

La cantante británica accedió con gusto a ello y acabó su paso por Jazz San Javier como mandan los cánones: con el no menos conocido blues "Kansas City". Soberbia, Carol Kidd.


La segunda parte de esta clausura del XIII Jazz San Javier fue otra historia musical diferente a la primera, pero tan grande y magnífica como su predecesora. Porque si les recordamos que su protagonista comenzó a tocar por esos escenarios y estudios de Dios en 1970 y que desde entonces, su trayectoria es larga y amplia, en la que nombres como Ace, Roxy Music, Squeeze, Nick Lowe, Mike & The Mechanics o Roger Waters son etapas de la misma. Es todo un músico, en el más amplio sentido del término y se llama Paul Carrack. Además de sus 18 discos en solitario, Carrack ha participado en grabaciones de otros artistas que oscilan entre los 80 a 100 discos. Su bagaje, en consecuencia, es amplio y rico. Y con él y una banda compacta, se presentó en el escenario de Jazz San Javier para regalarnos uno de los mejores cierres que el festival ha protagonizado en estos trece años de historia.


El grupo estaba conformado por Chris Garfield, a las guitarras (es uno de los pocos que saben sacarle magníficos sonidos a una Fender); Paul Copley, teclados y coros; Steve Beighton y Ed Collins, saxo tenor y trompeta respectivamente (crearon el "clímax" preciso); Jeremy Meek, bajo eléctrico; el veterano baterista, Dean Duke, y la cantante, Lindsay Dracass. Con esta banda, Paul Carrack encaró su concierto comenzando con "No doubt about it", a modo de "trayazo" para impactar al auditorio y que se engancharan de inmediato. Después -ya logrado ese primer objetivo-, el repertorio continuó con piezas como "Battlefield", "Little Lie", "Loving you tonite", "Who am I?" o uno de sus primeros éxitos: "Tempted".
El público, tanto el británico como el nacional, se había convertido al "carracknismo" e integrado como parte del grupo acompañando, en algunos temas, con sus palmas y coros. Espectáculo en estado puro, para vivir una noche de verano de ensueño, mejor música e inolvidables sensaciones. Paul Carrack alternaba piano, órgano y guitarra, según las canciones que iba desplegando todo su potencial. Temas como "Satisfy my soul", "Heart of the city", "Just four tonite" o una auténtica "fiesta funky" con "Better than nothing", en la que la sección de vientos de la banda hizo un trabajo "perfecto".


El grupo estaba que "se salía" y para calmar un poco los ánimos, Carrack dio paso a dos piezas fusionadas: "Memory" y "Silent". Tras ello, se acabó la tregua y vuelta al "frenesí" y al ritmo con "Living years", "Walk in room" o ese otro icono de Carrack , "How long", aparecido en 1997. Era el delirio general de un auditorio que no deseaba que aquello acabase. Por ello, se insistía con silbidos, aplausos y gritos de "más, más", hasta que el grupo regresó al escenario para dejarnos su clásico "Over my shoulder", que todos coreamos y silbamos. Y como no parecía suficiente para un auditorio que no tenía compasión, Paul Carrack nos evocó a un recordado Marvin Gaye, a través de uno de sus éxitos: "What's going on". Fue un final apoteósico y muy apropiado para el ambiente que se respiraba en toda la sala.
En definitiva, que la clausura del XIII Jazz San Javier fue de "Platino", para una edición que en palabras de su director -y en las de muchos de los que acudimos cada noche a disfrutar de su programación- será difícil de superar, a pesar de todas las dificultades que ha tenido que vencer antes, durante y, suponemos, que al realizar balance general de intendencia.
Tan solo agregaría una cuestión, para que la organización (y este apartado va dirigido más a los políticos) lo tenga en cuenta: este año (¿también la crisis o son otras cuestiones?), las luces y el sonido no han acompañado mucho. Desde el primer día hubo que salvar diversas dificultades, algunas de las cuales no se lograron del todo. Hasta esta edición, ni los fotógrafos ni los medios audiovisuales se habían quejado de las luces y el sonido. Este año, sí. Y otro ruego para futuras ediciones en cuanto a los compañeros de 7 Región de Murcia (la TV autonómica): Por favor, que le indiquen a sus cámaras de escenario que no vuelvan NUNCA JAMÁS, a ser los ¨protagonistas" de las fotos diarias. Los protagonistas son los músicos. Los cámaras deben ser "casi invisibles". Muchas gracias por ello. Y a todos, desde estas crónicas que han intentado reflejar una realidad, gracias por seguirlas.
También, mi más sincero agradecimiento a MARTA PINILLA ALDARAVÍ, por sus fotos diarias, así como a mi buen amigo, GOIO VILLANUEVA, que me ha proporcionado las foticos que he colocado en la columna de la derecha, aunque alguna aparecerá también de Marta. Y, sobre todo GOIO, gracias por tu enorme sentido del humor, tan necesario en los momentos difíciles que a lo largo del mes hemos pasado todos durante algunos conciertos, incluido tú. Eres un "fenómeno" de persona.

domingo, 1 de agosto de 2010

PASIÓN POR EL JAZZ.

En la vida, se puede estar apasionado por diferentes cosas o causas. Por una mujer, por el deporte, por viajar o, como es el caso que nos ocupará en las próximas líneas, por la música y dentro de ella, el jazz. Ese fue el resultado de los conciertos que pudimos presenciar la noche del viernes, 30 de julio del año en curso, en la antesala de la clausura del XIII Festival de Jazz de San Javier, a cargo del Proyecto Colina-Serrano y la invitación de Carmen Rodríguez a que cantara, así como el que protagonizó después el arcodeonista francés, Richard Galliano y su Tangaria Quartet. Dos "delicatessen" del jazz actual.

La primera parte de esta penúltima jornada de Jazz San Javier nos proponía ver y escuchar en directo, el reciente disco que dos grandes músicos españoles han publicado a primeros de este año en el mercado, bajo el título de "Colina-Serrano Project". Se trata de una propuesta seria, bien adaptada y arreglada sobre las músicas que a ambos músicos les gusta pero, es donde se reserva la sorpresa, desde su concepción musical. Y han logrado uno de esos discos que son imprescindibles en toda buena discoteca de un no menos buen aficionado. Pero en lo que a su concierto en San Javier se refiere, su desarrollo resultó todo un exitazo que sin ningún género de dudas no ya es que levantara pasiones, sino que nos dejó unas sensaciones tan sumamente agradables que es difícil de describir con palabras.


Para iniciar la marcha con buen pié, nadie mejor que Stevie Wonder en una de sus creaciones más atrayentes: "Overjoyed". El público ya comenzó a removerse en sus butacas; a adoptar una posición más cómoda y atenta, ante lo que en este primer "aldabonazo" musical lanzado por este dúo de contrabajo y armónica -completado por las no menos expertas manos del pianista, Mariano Díaz, y el baterista, Guillermo McGill-, nos había "impactado" totalmente. ¿Qué era esto? ¡Qué maravilla! Bueno pues no era más que el principio. Porque a renglón seguido, Antonio Serrano nos anunciaba su tema "El blues de la alegría" que haciendo honor al mismo, nos puso a todo el auditorio "las pilas" para disfrutar sin límites de un espectáculo absoluto del jazz español.

Antonio Serrano -que como en ocasiones anteriores ejerce de maestro de ceremonias- continuaba presentando las adaptaciones que conforman este proyecto conjunto con el contrabajista, Javier Colina, como el "Estudio nº 6, de Chopin, o la composición en ritmo de "joropo" venezolano de Colina, que ha titulado "El comandante". En ésta última, a destacar la introducción de Colina demostrando por qué está considerado como uno de los mejores de su instrumento. O la armónica de Antonio Serrano, que se desdoblaba en dos instrumentos para matizar el ambiente hispanoamericano. Una delicia.

Y llegó el momento para recibir a Carmen Rodríguez, una de las componentes del dúo La Plata recuperada para este concierto en Jazz San Javier, que nos dejó "clavados" cuando la escuchamos en el clásico bolero "La mentira (Se te olvida)", para finalizar con "María", una pieza registrada hace años junto a Serrano. Una pena que Carmen Rodríguez no continuara su trayectoria musical en terrenos del jazz y con músicos de este calibre, porque probablemente hoy contaríamos con una excepcional voz.

El punto y seguido a esta actuación del binomio musical Colina-Serrano lo puso un clásico del año 1951 compuesto por otro binomio norteamericano, Rodgers y Hammerstein, titulado "I have dreamed" que ejecutaron con un intelecto musical a la vez que sencillo, para finalizar con una pieza del guitarrista gaditano, Paco de Lucía -Serrano forma parte de su grupo este año-, titulada "Zyriab".

Bueno, bueno. El público "se los comía" insistiendo en su vuelta al escenario para un bis. Y lo hicieron sin ningún esfuerzo ya que ellos quieren tanto a este público, como el auditorio a ellos. El bis no fue otro que "Sweet Georgia brown". ¿Han escuchado la versión que hacen? Pues se la recomiendo. A pesar de que podamos haber conocido más de 30 ó 70 versiones, les aseguro que ésta de Colina y Serrano la van a colocar entre las mejores. Un concierto para el recuerdo y unos músicos que han hecho grande el jazz en España. Sí señor.

Bien. Pues con ese ambiente tan de "regusto musical" que nos dejaron Javier Colina y Antonio Serrano, nos preparamos para acoger el que minutos después nos iba a ofrecer el acordeonista francés, Richard Galliano y su Tangaria Quuartet. Otro de los músicos que en San Javier son muy bien acogidos ya que se ha convertido en una especie de "hermano mayor" de los habituales a esas noches de verano y música, tras varias visitas en el tiempo a este festival. El actual Tangaria (que nació en 2005, cuando la octava edición de Jazz San Javier) está conformado por el violinista, Nicolas Dautricourt; Jean Phillippe Viret, al contrabajo (menuda papeleta le había dejado Javier Colina); y el percursionista venezolano y único mienbro original de Tangaria, Rafael Mejías.

Galliano siempre ha resultado un punto y aparte en Jazz San Javier debido a que no son muchos los acordeonistas que han despuntado en esta música. Pero la mezcla que Richard Galliano practica, entre los toques porteños del bandoneorista argentino Astor Piazzolla y la "mussette" parisina, siempre nos "envuelve" en una placentera nube de sensaciones agradables y viajeras que dan como resultado una pasión, a veces tranquila y otras más frenética. Su concierto de esta visita lo inició con el "Tango para Claude", que nos indicaba cuál sería el hilo conductor de su repertorio preparado para su regreso a Jazz San Javier. Un repertorio que continuó con "Laurita", "Fou rire", "Chat pître" o "Tangaria".

Durante todos esto años he tenido la oportunidad de hablar con músicos que tocan el acordeón. Sin ir más lejos, mi yerno toca el acordeón. Todos coinciden en que el de botonera es el más difícil. Desconozco si es por haberse enfrentado a ese reto o porque su sonido tiene que ver mucho con el bandoneón (fue alumno de Piazzolla y no lo puede negar), el caso es que Richard Galliano optó por ese modelo y, ciertamente, es un maestro en su ejecución además de un auténtico artista componiendo y adaptando piezas conocidas a su personal estilo.
Lo demostró durante toda su actuación, que continuaba con "Sertao" -un bahiao brasileño en el que Rafael Mejía se movió como "pez en el agua", con un dominio absoluto de su pequeño "laboratorio" percusivo-, además de otras partituras como la interpetación que realizó en solitario fusionando su "Aria" (grabada en su más reciente disco dedicado a Bach) con el "Libertango", de Piazzolla. Magistral.
Por si ello no era suficiente, Galliano dejó por unos minutos su acordeón "Victoria" y tomó la "accordina" (es ese instrumento que os mostramos en la foto anterior a estas líneas realizada, como todas las que ilustran estas crónicas, por Marta Pinilla Aldaraví), con la que nos deleitó sobremanera haciéndonos imaginarle a dúo con Antonio Serrano. Por cierto, ese es un aspecto que echamos de menos en las jornadas de Jazz San Javier. En ediciones anteriores, se intentaba que dos músicos que coincidían el mismo día tocasen alguna pieza juntos. Les aseguro que los resultados que se dieron hasta hace unos dos años atrás fueron espetaculares y muy gratificantes. Pero a lo que íbamos. La "accordina" de Galliano nos dejó unas entrañables sensaciones de esquisitez musical, que dificilmente se olvidarán de nuestra memoria.

El programa oficial llegó a su término con "Indifference", tras lo que todo un auditorio puesto en pié y aplaudiendo sin descanso pedía su vuelta al escenario. Richard Galliano y su Tangaria Quartet regresaron para deleitarnos, una vez más, con el inmortal "Las Hojas muertas", que provocó un mayor entusiasmo en el público insistiendo para que se diera otro bis. No se pudieron resistir Galliano y sus músicos y, en consecuencia, sonó para todos y como un gran agradecimiento por sus enormes muestras de respeto y cariño el "New York tango", con el que finalizaba, de manera definitiva, la nueva visita que Richard Galliano hacía a Jazz San Javier.
En suma, una noche "apasionante" de música, sensaciones y buenas, muy buenas sensaciones que nos llevaron al descanso horizontal con absoluto sosiego. Para quitarse el sombrero.

jueves, 29 de julio de 2010

EL SEÑOR, GEORGE BENSON.

El domingo 25 de julio, Jazz San Javier nos había preparado una de esas noches de auténtico "show bussines". ¿Y quiénes lo hacen mejor? Pues los norteamericanos, naturalmente. Así es que aprovechando que había nuevo disco en el mercado, la dirección del festival pensó que era una buena excusa (si es que hacen falta excusas) para introducir en esta XIII edición -e iban con ésta cuatro- al señor George Benson. Como un colega ha escrito en su medio, "todo un entertainer". Y estoy de acuerdo con él. Porque si algo es hoy por hoy George Benso es un artista, un animador de masas como dejó demostrado, una vez más, en esta su más reciente actuación en Jazz San Javier. Eso, a pesar de que "otros" opinan que "cogió poco la guitarra". Sin comentarios.

Personalmente opino que Benson no es ya un músico de jazz (círculo que abandonó hace años dejándose llevar por fórmulas más útiles para lograr éxito rápido y sustanciosos "royalties" por sus ventas masivas), pero aún así no es un músico que me desagrade. Y todavía hoy da gusto ver la agilidad con la que, con 67 años, sus dedos se mueven por el diapason de su guitarra que, por cierto, sí que tocó y no en un par de temas, sino en bastantes más. Lo que ocurre es que cuando uno acude a un espectáculo hay que saber a qué espectaculo va. Y el que George Benson viene ofreciéndonos desde hace unos 20 años está más cerca del "gran espectáculo americano", que de un concierto de jazz más ortodoxo como gran guitarrista que es, aunque éste último también resulte todo un espectáculo.
Pero a lo que vamos. El auditorio del Parque Almansa registró otro "completo". Ni tan siquiera un grillo tenía espacio para ubicarse y dejarnos su "canto veraniego". Y el público vio lo que esperaba, a un Benson que ofrece casi dos horas de espectáculo, con una banda que suena "al pistón" y un repertorio de sus mejores y más sonados éxitos, desde 1976 a nuestros días. Ese es el George Benson que el público quería ver y al que, en definitiva, vio.
Todo estaba sumamente cuidado. Su aparición en el escenario ya levantó "pasiones" y comenzó el concierto con "El mar", para continuar con "Collaboration", "Love for love", "Nothing's gonna change my love for you", "Beyond the sea" o "In your eyes". Como se puede observar, éxitos de un Benson que andaba "en vena" creadora y exitosa. Esas melodías, esos ritmos son los que el público de Jazz San Javier le pedían con un gesto. Y George se los dio. Como también dio piezas en las que su guitarra Gibson tomaba el protagonismo, con fraseos que todavía hoy suenan como entonces.
"Kisses in the moonlight", el bolero "La puerta", "Never Give up on a good thing", "Love ballad" o el rotundo "Gime me the night" completaron su oferta a un público que para ese momento ya se mostraba absolutamente "enloquecido" con su ídolo que abandonaba el escenario. En ese instante, su banda le hacía los honores. Porque el guitarrista, Michael O'Neil, se hizo con el micrófono y comenzó un pequeño "show", para ir presentando a cada uno de sus compañeros. David Garfiel, pianista y director musical del grupo. Tom Hall, teclados; Stanley Banks, bajo eléctrico; y el baterista, John Roberts. Cumplido ese "protocolo", O'Neil preguntó al auditorio si querían más música. Pero ¿cómo no iban a querer más, si les dejó con la miel en los labios? ¡Pues claro que querían más!

Y en ese momento, el director del festival y la alcaldesa de San Javier, Alberto Nieto y Pepa García respectivamente, aparecieron en escena para hacer entrega del Premio Anual del Festival a Toda una Carrera que, obviamente, en esta decimo tercera edición había recaído en George Benson, que reapareció en el escenario con camisa blanca y un abrazo de aplausos de las dos mil personas (o un poco más, tal vez) que completaban el aforo.
Muestras de cariño y agradecimiento del músico de Pittsburgh y, de nuevo, la música sonando. George que toma su guitarra y se escuchan las notas de "Living in high definition", para culminar con otro de sus iconos: "On Broadway". La locura fue absoluta y los piropos de la parte femenina del auditorio, le llegaban desde todas partes del mismo como si de claveles se tratara lanzados en su honor. George Benson regresó a San Javier y "reconquistó" a su público. Está alejado del jazz, pero su concepto del "soul, r&b, funky y pop" afianzan sus conciertos que son, sin ningún género de duda, todo un show muy profesional. Es el señor, George Benson. En estado puro, con 67 años a sus espaldas y más de 40 por esos escenarios del mundo. Ahí es nada.

domingo, 25 de julio de 2010

MISTICISMO SUFÍ Y "BOOGIE & BLUES" DAN COMO RESULTADO UN EXTASIADO FRENESÍ.

La novena jornada de Jazz San Javier estaba reservada para la apuesta más importante que su director, Alberto Nieto, ha llevado a cabo en esta edición número trece: Dhafer Youssef Quartet. Y la verdad es que le salió muy bien. No así lo "indeseable e inesperado" para todo festival: que se "fundan los plomos". Esto es, que aparezca en el momento más inoportuno, una avería eléctrica absolutamente ajena al festival. Y ocurrió el sábado 24 de julio, mientras sonaba el primero de los ocho temas que Youssef y sus músicos habían preparado para su primera visita a Jazz San Javier. Frente a este tropiezo, la profesionalidad del grupo que continuó hasta el final y, sobre todo, el "saber estar" de ese público que es quien al fin y al cabo hace GRANDE esta cita con el jazz y sus colaterales, en cada edición. Un 10 para ellos, por su reacción y comportamiento que refrendaron, cuando la pieza finalizó sin megafonía, con un fortísimo aplauso de reconocimiento a los músicos.

Una vez resuelto el percance, Nieto reiteró las disculpas y volvió a presentar al grupo que lidera Dhafer Youssef que como un Mu'adhdhin -persona que da el Adhân, que es el anuncio de que el tiempo de un Salât (una de las cinco oraciones diarias que se hacen en el Islam) en particular ha comenzado- pues, como digo, así se iniciaba este concierto para el misticismo sufí aliñado con diversas y variadas tendencias de la música cuyo resultado te deja extasiado y enganchado sin remedio.

“Hayartan dance” y “Suraj” fueron dos primeras muestras -ésta última con algunos pasajes aflamencados, que no debe extrañarnos ya que el flamenco y la música árabe están más cerca de lo que muchos piensan- de la concepción musical de este tunecino que emigró hacia Viena con 19 años, a la busca de su oportunidad en este mundo de las corcheas, negras o blancas sin conocer ese lenguaje de la música, aunque con un pensamiento casi exclusivo en ella. Dhafer Youssef realizó todos los trabajos que podía hasta lograr su oportunidad, que llegó desde el club "Porgy & Bess", en la capital vienesa, aportando un proyecto nuevo cada mes durante un año. Ello le posibilitó la grabación de su primer disco,"Malak", y la continuidad ascendente en la música. Tan es así, que viajó hasta Nueva York para afianzarse en su pretensión, pero los atentados de las Torres Gemelas le hicieron recapacitar y regresó a Paris. Después fue invitado a tocar con músicos noruegos y se adentró en la vanguardia del jazz europeo hecho en el Norte del continente. Tocar con esos músicos, dice Youssef, es una continua inspiración para sus nuevas creaciones.

De regreso a lo que se vio y escuchó en San Javier, recordar al lector que Dhafer Youssef utiliza sus condiciones vocales como un instrumento más al servicio de estas fusiones, además del “oud” (laúd árabe). Es una capacidad aprendida desde niño en las mezquitas, que sabe explotar de manera innovadora, como nos ilustró en “Odd elegy” o “Les ondes orientales”.

Su más reciente disco, "Abu Nawas Rhapsody" dedicado a ese poeta árabe de origen persa, ha significado un paso hacia adelante en la trayectoria de Dhafer Youssef apreciándose la incursión en esas tendencias jazzísticas de vanguardia, a las que me refería anteriormente.

Valga como demostración de mis afirmaciones estas composiciones, “Khamsa” u “Odd poetry”; en ésta última pieza, se puede comprobar una buena muestra de lo que son capaces esos músicos, como el pianista armenio, Trigran Hamasyan; el contrabajista, Chris Jennings; o el baterista, Mark Giuliana, todo un cronómetro. Con estos tres músicos ha llevado a cabo la grabación de su disco y con ellos, también desarrolló su concierto en Jazz San Javier, tras una hora y diez minutos de éxtasis musical que el auditorio supo premiar con insistencia para que Youssef y su grupo regresaran, una vez más, al escenario del Parque Almansa y regalase un bis. No se hicieron de rogar y volvieron para corresponder a tan enorme público, con un tema más: "Shatha". Grandioso.

Con un público que en esos momentos se encontraba absolutamente satisfecho, se cambió el decorado, las partituras y dio comienzo lo que resultó una fiesta divertida, entretenida, prodigiosa y desarrollada con talento. Era la segunda parte de un sábado en la noche para la música, con protagonismo del "boogie woogie" y el "blues". Sus artífices fueron el quinteto del pianista catalán, Lluis Coloma, quien invitó a su amigo de Chicago, Barrelhouse Chuck, para "armar una de no te menees" y dejarnos el cuerpo hecho puré con tanto y buen ritmo.

El concierto se inició en formato trío. Esto es, con Lluis al piano, Manolo Germán, contrabajo, y el baterista, Marc Ruiz, que arrancaron al personal con “Coloma’s boogie”. A su término, Coloma presentó al resto del grupo conformado por Baltasar Bordoy, guitarra; Dani Pérez, saxo tenor; y a su grandioso invitado, Barrelhouse Chuck. Una vez todos en posición, nos regalaron dos primeros temas de auténtico ritmo: “Betsy’s silent movie” y “Chicken shack”. A renglón seguido, otro “boogie”, “Pinetop’s boogie woogie”, y para ir abriendo “apetito” –si es que ello era necesario-, un primer “blues”: “Mother earth”. Bueno, la fiesta prometía.

Barrelhouse tocaba el piano, mientras que Lluis Coloma daba las réplicas desde el Hammond B3, como quedó patente en “Barrelhouse woman”, que cantó el propio pianista de Chicago con ese tono inequívocamente americano. Y de nuevo en formato de trío, Lluis Coloma explicó el tema "El vuelo del moscardón”, de Korsakof, que Coloma retomó de unas primeras adaptaciones al jazz y que ha titulado “Bumble boogie” dejando una magnífica sensación entre los asistentes. Le siguió una partitura que se ha colocado entre los iconos del jazz y de la música policiaca: “Harlem nocturno”, en la que destacó el solo del saxofonista, Dani Pérez, que la interpretó de manera "arrastrada", como si fuera un músico americano.

La actuación de este quinteto y su invitado continuó con “Longhair’s tribute” y un “Cromatic boogie”, con el que cada músico del quinteto tuvo su momento de gloria que arrancó el entusiasmo del auditorio al grito unánime de “bien” y bailando “boogie” en la sala. La cosa resultaba tan simpática y divertida, que hasta Dani Pérez se acercó hasta Coloma para secarle el sudor que “le producía” tanto derroche de maestría. El público ya no sabía qué hacer con este grupo que capitanea Lluis Coloma y que tocando, se lo pasa y lo hace pasar al auditorio “en grande”.

El pianista americano anunció un “blues” a la manera de Chicago que cantó acompañándose con el piano: “Leroy carr’s song”. Tras ello –y un mínimo descanso de la banda de Coloma-, todo el grupo regresó al escenario para, ahora sí, acompañar a Barrelhouse Chuck en “Call my Job”. A esas alturas del concierto las chaquetas hacía rato que habían desaparecido del vestuario inicial de los músicos, porque el calor ambiental apretaba y había que “remangarse” para estar más cómodo en esta fiesta del “boogie woogie” y el “blues”. Los temas continuaban impregnando la atmósfera festiva del Parque Almansa con “She’s got a thing goin’ on”, “Caldonia” y la que cerró el concierto, “I got my mojo workin’”. El auditorio (no olvidemos que corría la madrugada del domingo) pedía más y Coloma y Barrelhouse Chuck les dieron un poquito más, con “I keep on drinking”, que cantó el de Chicago acompañado por Coloma al piano. No podía existir mejor final de fiesta. ¡Vaya traca que liaron los chicos de Lluis Coloma y Barrelhouse Chuck! De las de “no te menees”, porque así quedamos todos, para el arrastre. Pero contentos. Otra noche de “frenesí” musical.

LAS DAMAS DEL BLUES PONEN BOCA ABAJO SAN JAVIER.

En Norteamérica, sus ciudadanos están deseosos de que llegue el fin de semana hasta tal punto que existe, entre otras muchas, una máxima que reza: "¡Por fin ya es viernes!". Esa frase encierra muchas cosas. Por ejemplo, que se acaba el trabajo y comienza el descanso hasta el lunes. O que muchos hacen planes para salir y divertirse, sin preocuparse del trabajo y otras cuestiones; tan sólo hay que divertirse. Pues bien. Esta acepción última nos vale para dibujar el resultado de la noche del viernes 23, en la doble jornada de Jazz San Javier. Una primera parte de verdadero "escándalo" musical y de dominio de los instrumentos protagonizada por el saxofonista, James Carte y su Quinteto.

James Carter salió al escenario mostrando una enorme alegría en su regreso a esta cita veraniega a orillas del Mar Menor, que fue correspondida por todo el auditorio con aplausos, risas y silbidos amables. Y como a lo que había venido era a ofrecernos un concierto, pues la música hizo su aparición con una creación del propio Carter titulada “Bossa J.C.”, creando la magia que ya en su primera visita logró Carter y su banda en el auditorio de Jazz San Javier. El saxofonista –que ya conoce a este público- quiso premiarles desde el primer instante y atacó, en solitario con su saxo, el tema de Django Reinhardt “Nuages”. ¡Qué versión más original de este clásico! A destacar, de manera especial, el trompetista Corey Wilkes (que sustituía al anunciado Dwight Adams), o el pianista Gerard Gibbs.

Con “Shadony sands”, el quinteto creó una atmósfera musical policíaca, como si estuviésemos viendo una peli de gansters y polis, con un duelo entre trompeta y soprano en el que el piano jugaba un papel arbitral que ponía las situaciones en su justa medida. La sordina de la trompeta acentuaba ese ambiente de gánsteres y detectives a los que aludíamos, con un sonido de conjunto que completaba el envoltorio para ser creíble.

Este quinteto del saxofonista James Carter está compuesto por el pianista, Gerard Gibbs; Corey Wilkes, como hemos indicado antes, a la trompeta; Ralph Armstrong, al contrabajo –por cierto, en esta pieza, con un dominio absoluto del arco-; y el simpático baterista, Leonard King.

“Is that so” fue una excusa para que Carter demostrara su técnica con el tenor sacándole sonidos más propios de un instrumento de percusión. Si escuchas con atención, te das cuenta, descubres avances en James Carter y su grupo, en relación a su anterior visita dos años atrás. Los aficionados apenas pestañeaban para no perder detalle, pero sabían premiar cada tema que el quinteto interpretaba para conformar su concierto en Jazz San Javier.

James Carter lo había anunciado previamente y las primeras notas del piano, nos lo confirmaba: “In a sentimental mood”, pieza clásica del añorado Duke Ellington, inundó la noche de verano que había amenazado tormenta. Balada muy conocida en la que brillaron el piano, con un Gerard Gibbs que dedicó una extensa parte de su solo a las notas altas del teclado con su mano derecha. Corey Wilkes reiteró su dominio con la trompeta y James Carter hizo lo propio con la flauta, otro de los instrumentos en los que se mueve con mucha agilidad y dominio. El final lo puso otra partitura del propio Carter titulada “J.C. on the set”, con la que el quinteto ponía el punto y final a su programa oficial. ¿Era todo? Todos queríamos pensar que no.

El público insistía en su regreso al escenario, lo que hizo para saludar e indicar que esperaban los músicos protagonistas de un gran concierto de blues y, saludando, se despidió reiterando las gracias. Pero el auditorio hacía valer su deseo de un bis musical. Tardó tres minutos en rendirse a lo evidente. Con el acompañamiento del contrabajista, Carter y su tenor interpretaron otra pieza más que además de grandiosa (fue una demostración en toda regla de su magisterio interpretativo) resultó graciosa, simpática e improvisada. Los aficionados, puestos en pié, aplaudían sin descanso premiando un concierto que también pasará a la historia del festival, como uno de los destacados de todas estas ediciones. Y es que James Carter y sus músicos han crecido tanto que tienen más cerca a los Dioses del Olimpo. Grandioso.


La segunda parte -esa que Carter insistía en que el auditorio se dispusiera a vivir- fue una auténtica fiesta en toda la amplia extensión de la palabra. En la pasada edición de Jazz San Javier, la Historia Viva del Blues de Chicago triunfó de tal manera, que para esta edición 2010 se ha repetido en cuanto a los músicos, pero no así en las voces. Nos llegaba “Women of Chicago Blues”. Y les puedo asegurar que el recibimiento fue apoteósico. Por dos razones. La primera es que el quinteto de James Carter ya había dejado al público muy animado. La segunda es que, lo reitero una vez más, el blues es un género muy bien acogido en este festival y con la magnífica experiencia del año anterior, el éxito estaba prácticamente asegurado.

La banda atacó las primeras notas de “Wet Match” y Graná Louise apareció simpática y grandiosa sobre el escenario, olvidándose de sus sandalias y liberando ese torrente vocal que atrapó al instante a todos los presentes. Sin mediar más palabras, Graná y el grupo de músicos integrado por el guitarra, Billy Flynn; Raphael Wressnig, piano y Hammond B3; Felton Crews, bajo eléctrico; y el baterista, Kenny Smith, abordaron “Smokestack lightning”. Pero uno de los momentos más grandiosos llegaría con la versión del inmortal “Summertime” (uno de los números musicales más populares de “Porgy & Bess”, de Gershwing), que arrancó los enfebrecidos aplausos de un auditorio entregado. La despedida de Graná Louise fue al compás de “Where you been” y sacando a bailar a algunos de los varios aficionados que se agolpaban al borde del escenario en el ya famoso foso del auditorio.


Pero ahí no acababa la fiesta. Porque Billy Flynn anunció a Deitra Farr, otra de estas tres Damas del Blues de Chicago, quien a los primeros acordes de “When they really love you” apareció en escena. La banda sonaba compacta, como en su anterior visita a Jazz San Javier, y las notas inundaban un auditorio que bailaba al compás de las mismas. Le siguió “Bad company” y “Anywhere but here”.


Deitra es una consumada cantante, además de una experta periodista -mantiene una columna titulada "Artist to Artist", en el Living Blues Magazine- , finalizó su intervención en esta fiesta blusera con “My turn, my time”. Los aficionados, para entonces, andaban flotando en una nube de absoluta felicidad y muchos de ellos rezaban para que aquello no acabara.

Y fue entonces cuando llegó el turno para Zora Young, que tras lanzar unos cuantos besos al respetable regalaba “Love of mine”. Tras indicar que hacía mucho calor, el blues lento apareció con “Toxic”, para hacer posible un pequeño descanso en tanto frenesí rítmico y para que pudiéramos apreciar las bases “gospel” en las que, sin ningún género de duda, Zora bebió en sus comienzos.


Pero de inmediato retomó la fiesta con “”Pity party” y acabó con “Daughter of a son of a gun”. El delirio se había logrado entre el público y entonces, el final de esta fiesta llegó con un clásico del “soul”, “Baby I love you”, en el que Zora Young era la solista y Graná Louise y Deitra Farr hacían los coros. Aquello sonaba a coro celestial y todos nosotros estábamos en el Paraíso. No se podía pedir más. O sí. Porque el auditorio no tenía ganas de marcharse a la cama. Era viernes noche y al día siguiente, muchos no tenían que madrugar. Así es que las palmas y los coros de “otra, otra” no se hicieron de rogar.

La banda comenzó “Queen bee” y las tres reinas aparecieron de nuevo en el escenario cantando esa pieza tan recordada, en la que el auditorio coreaba la canción, bailaba y se movía frenéticamente al compás de esa música. Parecía como si estuviésemos un domingo por la mañana, en los oficios de una iglesia evangélica y el coro entonaba un cántico que a todos nos contagiaba. Con un “os queremos”, se despedían de Jazz San Javier las Damas del Blues de Chicago. ¡Qué noche, madre. Qué noche!